Soy
el Vino
Mouton
Rothschild: la etiqueta con historia
Escribe Ricardo Brizuela
En
1924 el barón Philippe de Rothschild -
dos años después de hacerse cargo
del Chateau Mouton en Pouillac - toma dos decisiones
que se constituyeron en hitos de la historia del
vino. La primera de ella fué adoptar la
botella para el fraccionamiento de su producción.
Hasta entonces, los vinos de Burdeos se vendían
en toneles, lo que no garantizaba para nada el
origen privilegiado de su producto. Por otra parte,
la segunda decisión fué seleccionar
a un artista plástico para que cada cosecha
llevara un sello diferente con una creción
que hermanara al vino y el arte.
Esta
tradición se mantuvo hasta la fecha en
los vinos del Chateau Mouton Rothschild, salvo
excepciones marcadas por circunstancias de fuerza
mayor, como los años de la segunda guerra
mundial en los que el Barón estuvo preso
en Vichy.
En
1945, celebrando el triunfo aliado, el artista
Philippe Julian creó la etiqueta que llamó
"Año de la Victoria".
A
partir de allí, este quinto integrante
de la famosa estirpe de cinco primos con un título
nobiliario hereditario - la baronía - otorgado
a cinco hermanos por el Imperio de los Habsburgo
en 1816, consolidó la participación
de grandes nombres del arte en sus etiquetas:
Salvador Dalí, Pablo Picasso, Marc Chagall,
Andy Warhol, fueron algunos de los nombres convocados
para realizar cada año una etiqueta. Nunca
cobraron en efectivo. El precio de estos trabajos
es retribuído con vino del Chateau Mouton
Rothschild.
Así,
cada año el propietario fué seleccionando
sus preferencia entre dos bocetos que ponían
los artistas convocados a su consideración.
De
Ensenada (México) a San Diego (Estados
Unidos)
El
azar quiso que quien esto escribe se topara con
una de estas etiquetas históricas. Luego
de viajar a Ensenada - invitado por la Universidad
Autónoma de Baja California para asistir
como observador en el Concurso Ensenada Tierra
del Vino - viajé con mi esposa unos pocos
kilómetros al norte, para probar vinos
de Sonoma y Napa, y deleitarnos con una manitas
de cangrejo de Alaska, en el siempre concurrido
Fish Market.
Ibamos
precisamente "a lo que te truje", cuando
en pleno centro del hermoso y soleado San Diego,
me topé con el Wine Bank, una vinatería
con una variada oferta de vinos de todo el mundo,
entre los que - al estilo parisino - las mejores
marcas del mundo tienen un lugar exclusivo. Luego
de una rápida recorrida y constatación
de precios, observé en un rincón
algo disimulado por otras botellas imponentes,
un botellón de tres litros de un Mouton
Rothschild de 1978. Es el que muestra la imagen
de esta nota.
Resulta
que esta etiqueta tiene una particularidad: fué
la única por la que el Barón no
se decidió por ninguna en especial. De
las presentadas para la cosecha de ese año
por el artista Jean-Paul Riopelle, las dos opciones
le parecieron excelentes. Como resultado se dividió
la producción y ambas fueron lanzadas al
mercado. La que yo observaba en ese momento en
el Wine Bank de San Diego era una de ellas.
Curioso
y excitado, casi como si hubiera encontrado un
incunable en una librería de viejos, entablé
con el dueño un diálogo sorprendente:
-
Cuánto vale?
- Make me an offer - me respondió (Hágame
una oferta)
Sonreí.
Si bien la cosecha de 1978 no había sido
especialmente exitosa, hoy una botella estaría
en el orden de los 300 euros. Considerando que
éste era un envase de tres litros, allí
habría mas o menos unos 1.200 euros sólo
en vino. Aparte - of course - el valor de colección
incrementado por el episodio de la etiqueta.
Yo
con la foto ya estaba satisfecho. Salimos orondos
en busca de las manitas de cangrejo de Alaska.
Ricardo
Brizuela
15
de agosto de 2010