El
terremoto mas fuerte de Chile en 50 años puede
hacer quebrar a los viticultores pequeños tras
derribar vides, resquebrajar cubas y derramar millones
de litros, dijo un ex banquero de Goldman Sachs Group
Inc. convertido en viticultor.
Los viñedos O. Fournier, situados en la región
centro sur del valle del Maule a unos 100 kilómetros
(62 millas) del epicentro del terremoto, perdieron 10,7
metros de viñedos al río Loncomilla, dijo
el propietario José Manuel Ortega. Si bien O.
Fournier habrá de recobrarse y el sector se repondrá
rápidamente, dijo Ortega, algunas bodegas probablemente
cierren porque los estragos del sismo se suman a los
efectos de un bajón de ventas causado por la
crisis económica mundial.
“Ciento cincuenta años de historia han
desaparecido”, dijo Ortega el 5 de marzo mientras
contemplaba las ruinas de la casa mayor de la finca
Gillmore del valle, derribada por el temblor de magnitud
de 8,8 que tuvo lugar el 27 de febrero. “Los viticultores
han pasado de un terremoto financiero a uno real. Algunas
bodegas desaparecerán”.
El vino es el quinto producto de exportación
de Chile, el décimo mayor productor del mundo,
según el Wine Institute de California. En el
2008, el año más reciente con estadísticas
oficiales, las exportaciones aumentaron un 9,6% a $1,4
millones, según ProChile, la agencia nacional
de promoción de exportaciones.
Ortega dice que, a diferencia de la mayoría de
los productores del
valle del Maule, él usa vides centenarias
en vez de sembrar nuevas. Debido en parte a esto, llama
a sus fincas del Maule “Mi valle Cenicienta”.
“Tomamos esas uvas que todo el mundo pensaba que
eran la sirvienta, y las convertimos en una princesa”,
dijo.
Los daños del terremoto a las cubas de vino causaron
la pérdida de 125 millones de litros, cuyo valor
se calcula en $250 millones, dijo la asociación
de viticultores de Chile el 3 de marzo. Concha y Toro
SA, el mayor productor del país, suspendió
los trabajos de cosecha y embotellamiento tras el sismo,
dijo la compañía en un comunicado del
3 de marzo a la comisión nacional del mercado
de valores.
En la bodega Balduzzi en San Javier, a 275 kilómetros
al sur de Santiago, cuatro tanques de acero inoxidable
de 15 pies de alto yacían derribados, aplastados
como latas de cerveza. Llenos al ocurrir el terremoto,
reventaron y lanzaron de sí un río de
vinos, algunos de los cuales se venía añejando
desde el 2005, a la calle.
La compañía, fundada en 1906, perdió
unas 600 mil botellas ese día, o más de
la mitad de su producción anual. “Todo
se ha perdido”, dijo el gerente de operaciones
Jorge Eduardo Balduzzi.