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Proveídos
de un captador infrarrojo y de una emisora GPS, los investigadores
bordeleses del INIA pusieron a punto un método
de cartografía de los viñedos que permite racionalizar
las vendimias y que podrá a largo plazo utilizarse
para la fertilización y los tratamientos fitosanitarios.
El
captador infrarrojo, subido a un tractor, mide “la
densidad foliar” de cada existencias. Estos datos,
localizados gracias a la emisora GPS, permiten establecer
una tarjeta en color “del vigor” de la
vid.
Objetivo principal: ayudar a determinar las
fechas de vendimias, casi hilera por hilera, o evitar mezclar
paños de calidades diferentes.
“Lo
que se pretende obtener, son pequeñas bahías,
concentradas y sanas”, resume a Clemente
Bouriez, responsable de comercialización de
productos del Instituto Nacional de Iinvestigación
Agronómica (INIA), propietario del chateau
Couhins, de la denominación Pessac
Léognan.
Una
vid demasiado vigorosa derrochará su energía
en la producción de hojas y madera y dará uva
de menor calidad, y madurez más tardía.
Con
su mapa en la mano, sobre la cual aparecen tres zonas distintas
- del color de yema de huevo al verde oscuro - Clemente
Bouriez designa una parcela cuyas porciones se delimitaron
por la cinta de obra: la cartografía permite “delimitar
zonas homogéneas en las parcelas. Se puede por ejemplo
aislar una parte de la uva para excluirlas del gran vino”,
explica. Y modificar sus prácticas culturales para
mejorar la calidad de la uva. El objetivo es pensar
la producción por parcelas.
“Tenemos
suelos difíciles, variables, sobre distancias muy cortas”,
y esta técnica permite obtener una cartografía
“intraparcelaria”, con el GPS ofreciendo
una precisión al milímetro, comenta Juan-Pascal
Goutouly investigador encargado del proyecto al INIA.
Esta
herramienta se inscribe “en un planteamiento de
viticultura de precisión” considera a Kees
Van Leeuwen, asesor del château Cheval
Blanc, que hizo cartografiar el viñedo de
la prestigiosa vendimia de Saint-Emilion.
“No es una revolución, pero esto constituye
una ayuda interesante”, añade.
La operación representa no obstante
un costo considerable: algunos centenares de euros la hectárea
para el paso del captador y el GPS - para la compra, el conjunto
representa una inversión casi de 15.000 euros - a los
cuales se añaden los gastos en mano de obra y en material
inducidos para una gestión más afinada de la
vid.
Los precios son - por ahora - accesibles sólo
para los grandes chateau o las cooperativas de productores.
Más
allá de la vendimia, los investigadores del INIA ya
se imaginan otras aplicaciones a su sistema a largo plazo:
“la tarjeta podría acoplarse a un pulverizador
inteligente y a un GPS con el fin de modular las cantidades
de pesticidas e insecticidas utilizados para el tratamiento
de las vides", preve Juan-Pascal Goutouly.
29
de Septiembre de 2008
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