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Tiene
un olfato de apostador instintivo. Como cuando, junto a sus
socios, anunció que lanzaría al mercado "Alpha"
un vino de calidad premium que se empinará por los
US$ 20 la botella. Chile era conocido por vinos buenos y baratos
que no superaban los US$10 la caja. "Nadie te pagará
eso", fue el comentario más repetido que
recibió Aurelio Montes. Otros lo tildaron directamente
de loco.
No
sólo lo consiguió. Por estos días Viña
Montes tiene el segundo precio por caja más alto de
Chile, US$ 59,80 y algunos de sus vinos íconos - Montes
M, Montes Folly y Purple Angel - alcanzan los US$100
la botella y venden todo lo que producen.
Ya
no lo tildan de loco, sino que ha marcado un camino. En los
últimos años ese camino lo ha llevado a tener
viñas en Argentina, EE.UU. y, próximamente podría
aparecer en Europa, convirtiéndose en el viñatero
más globalizado de Chile.
Ese
olfato y ese conocimiento del mundo es lo que le permite a
este enólogo que fundó Viña Montes hace
20 años, que se cumplen justo este 2008, tener una
visión muy particular de cómo se está
moviendo el mundo del vino.
Mientras
camina por la bodega de Apalta, construida al estilo Feng
Shui, con madera, piedras de la zona y una fuente de agua
que corre hacia ella para que no escape la energía,
el viñatero ve con ojo crítico el futuro del
país.
"En
Chile la imagen país no existe. Una de las razones
para instalarnos en Argentina fue lo potente que resulta su
imagen. Todo el mundo sabe dónde queda Buenos Aires,
tienen el tango, el fútbol, a Maradona. Tu vas a Inglaterra
y ves anunciado en el metro al bife argentino",
señala.
Su
tono se endurece, subraya "en esto quiero ser enfático"
y anuncia que si bien Argentina partió 10 años
después a conquistar el mundo exportando, superará
a Chile.
"Nos
va a pasar, tiene una fuerza mayor que la chilena. Aquí
las autoridades no se han dado cuenta de lo importante que
es dar a conocer nuestro país", explica.
Su
olfato es el que le permite, a pesar de lo complejo que ha
sido el año para la industria, que Montes crezca 12%
en volumen y 20% en valor, aunque con rentabilidad a la baja.
"Tiramos
toda la carne a la parilla, pero no hemos tenido un respaldo
del Gobierno. El dólar está muy bajo, los costos
altísimos y la situación laboral está
muy poco flexible. Debido al nicho al que apuntamos, a nosotros
la ola no nos arrastra, pero sí nos salpica. La situación
es grave, el valor de la empresa ha sido muy castigado",
recalca.
La
conquista de España
Camina
por los corredores de metal que le permiten mirar desde el
segundo piso de la bodega cómo funciona todo. Parece
que los espacios cerrados lo limitan. Y no le gusta sentir
que las cosas no andan a su paso. A fines del 2000 sintió
que el tranco de Chile era demasiado lento para sus metas
de crecimiento.
"El
país ya tiene un público determinado que compra
sus vinos. No es llegar y salir de ahí, lanzándose
a hacer promociones para apurar el mercado. Eso puede generar
descontrol, lo que es muy dañino para cualquier negocio",
dice.
Como
quería salir de ese marco, buscó nuevos horizontes.
Entonces decidió instalarse en Mendoza. De ahí
obtiene vino de US$ 52 la caja; es decir, dentro de los 3
mejores precios de Argentina.
En
2006 buscó una nueva expansión: instalarse en
lo que para muchos es la tercera capital mundial del vino,
el valle de Napa, en California. En septiembre estará
presentando en Estados Unidos, Seúl y Tokio, Napa
Angel, el cabernet sauvignon de 2006, la primera
producción hecha allí. Y en 2009, cabernet y
syrah de Paso Roble, valle ubicado entre San Francisco y Los
Ángeles.
"Cuando
fui a Argentina como a Napa, llegué con las patas y
el buche. Fui buscando dónde estaban y quiénes
vendían las mejores uvas. A partir de lo que conocí,
elegí donde instalarme", cuenta. Uno de sus objetivos
era tener productos de distintas denominaciones de origen
que compartan su sello.
"La
idea es ofrecerles a mis distribuidores (91) un portafolio
diverso donde encuentren los mismos atributos y calidad",
dice.
Ganas
de seguir creciendo en esa línea no le faltan; de hecho,
ya tiene un par de lugares en la mira.
"Todavía
no estamos preparados, pero sí estamos haciendo el
calentamiento previo. La mirada está en Europa. No
en Italia, Francia o Alemania que son países más
cerrados, sino en España o Portugal, zonas que se asemejan
más a la realidad chilena. Son países muy exitosos
que están en etapa de desarrollo. El terreno que ha
perdido Francia en el vino lo ha ganado España, por
ejemplo", apunta.
Vino
para beber al tiro (enseguida)
Hace
algunos años un estudio hecho en Australia, que buscaba
saber cuánto se demoraba el comprador de vino en destapar
su botella, le abrió los ojos: el 95% lo descorchaba
el mismo día.
"No
importa si se compra en un supermercado o en una tienda especializada,
la gente lo que quiere es un vino que pueda ser bebido al
tiro (enseguida), sin que pierda su descripción o la
calidad, que tenga todos los atributos como color y aroma",
explica.
Es
decir, vinos que se pueden tomar y sean igual de ricos si
tienen uno o 10 años de edad.
"Lo
que pasa con el vino francés, por ejemplo, es que hay
que esperarlos 7 o hasta 10 años antes de que se ablanden
y pasen a ser un gran vino. Es muy distinto a lo que sucede
con los del nuevo mundo. La gente está por el consumo
de cosas ricas, fáciles", añade.
Con
30 años como enólogo, cuando hace un vino sólo
se enfoca en el placer.
"Tiene
que ser rico, nada mas. Al ser humano no le gusta la astringencia,
el amargor, ni la acidez, sino el dulzor, la suavidad, la
sedosidad y esos son los atributos que les estamos dando a
todos nuestros vinos", recalca
Y sus tintos son maduros, de fruta a punto,
sin rastros de verdor, frutosos y amigables.
"Vinos
sin ninguna nota astringente o poco grata, en los que el olor
a fruta está muy presente. Nos hemos vuelto verdaderos
expertos en manejar los taninos, el elemento del vino que
te da esa cosa como de comer caqui verde. Dependiendo de la
madurez de la fruta, esos taninos se vuelven casi dulces,
sedosos y sensuales", explica.
Son el tipo de vino que pretende sacar de
todas sus plantaciones, incluso las futuras europeas, y con
ellos llegar a los mercados que actualmente tiene en la mira:
Rusia, China e India.
A
pesar de todo, no desconoce que el vino tiene mucho de moda.
"Antes el pinot noir era una variedad marcada por
una elite de consumidores y la película "Entre
Copas" desterró al merlot y disparó las
ventas del pinot noir".
Las
dos bases
Para
Montes la calidad es parte esencial. No está dispuesto
a transarla. Por ella acepta los riesgos que implica conseguirla
y que implica trabajar muy bien a la primera. Por ello, por
mucho que en Chile la fruta madure en abril y el riesgo de
lluvia sea alto, no está dispuesto a cosechar su uva
en condiciones que no sean las óptimas sólo
por evitar el efecto del agua. Menos cuando el costo podría
ser aún más alto: perder la marca. En 2002 consideró
que la calidad de su uva no era la adecuada y optó
por no sacar su Montes Alpha M al mercado.
Reconoce que hoy por hoy el consumidor tiene
mucho que decir y que el de hoy se enfoca a lo natural y sano.
"Nuestra
línea es no manosear los vinos, porque en cada uno
de estos procesos que se le efectúan va perdiendo algo.
Para eso el vino tiene que nacer bien. Es como un niño
que al nacer es bien alimentado y cuidado, crece sano".
Aún
así piensa que las tendencias, como la de producir
orgánicos, están radicadas en los alimentos,
por lo que se demorarán todavía en llegar al
vino. Pero no lo descarta, sino que lo tiene como una apuesta
futura. "Es lo que le toca a las nuevas generaciones.
Es uno de los proyectos que pienso puede seguir mi hijo".
Loreto
Gatica Carbonell.
Notas
relacionadas:
Aurelio
Montes y el Angel del Vino
Julio
30 de 2008
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