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Hace
frío en Apalta. Son las ocho y media de la noche de
un viernes de julio y la chimenea tempera el living de la
"Casa Clos". Un sauvignon blanc acompaña
la espera. En cualquier minuto aparecerá Michel Rolland,
el enólogo más famoso del mundo y por el que
más tinta ha corrido; para alabarlo o criticarlo.
Es
la única entrevista que dará en su corta estadía
en Chile, apenas 4 días en que degusta muestras de
nueve a ocho. Alexandra Marnier, dueña de Casa Lapostolle,
estruja al máximo cada minuto de su tiempo. Los asesora
en forma exclusiva en Chile y los honorarios deben ser importantes.
Rolland
es el flying winemaker, enólogo asesor, más
solicitado del mundo. También el más polémico.
Tiene más de 100 bodegas bajo su tutela, que van desde
Francia, Italia, España, Sudáfrica, Brasil,
Argentina hasta la India.
Es
considerado un genio por sus admiradores (entre los que está
Robert Parker Jr, el crítico más importante
del mundo y su íntimo amigo), el artífice del
salto en calidad que ha dado el vino en el mundo. Sus detractores,
en cambio, lo acusan de fabricar vino homogéneo para
el gusto global sin respetar los orígenes.
Michael
Broadbent, crítico inglés de Decanter, lo acusa
de hacer Pomerol (zona donde predomina el merlot) en todas
partes. De hecho, hay quienes lo llaman Mr. Merlot. Sin embargo,
en Chile hace Clos Apalta, el ícono de Laspotolle donde
predomina el carmenere, y en Argentina, en la bodega Clos
de los Siete, los vinos están marcados por el malbec.
Rolland
no sólo acapara portadas por sus vinos, sino que también
por su participación en el documental Mondovino (actualmente
exhibido en el cable por Cinemax), donde aparece ridiculizado
como el demonio de la globalización: Sentado en el
asiento trasero de su Mercedes negro, su chofer lo lleva de
bodega en bodega, donde grita "micro oxigenación"
a cada cliente como si fuera una panacea.
Si
existe una definición para el estilo Rolland, se trata
de vinos de fruta muy madura, taninos aterciopelados y una
clara presencia de madera. Muy agradables en la boca, son
un éxito comercial. Porque por mucha envidia que genere,
el mercado le ha dado la razón. Por algo se le conoce
como el rey Midas del vino.
Ya
son casi las nueve de la noche y Rolland aparece en el salón
de jeans y chaqueta de tweed. A los minutos llega Alexandra
Marnier, mundialmente conocida como "madame". Están
cansados. Acaban de terminar una jornada de degustación
de 175 muestras de todas las líneas de Casa Lapostolle.
Están definiendo las mezclas que saldrán al
mercado.
Rolland
se mueve incómodo en su asiento, mientras toma una
copa de sauvignon. Puede ser el cansancio. O el disgusto de
someterse a un cuestionario periodístico.
Después
de Mondovino, cualquiera.
Para
romper el hielo Alexandra cuenta cómo se conocieron.
Fue en 1993 en la feria Vinexpo, en Burdeos. Ella había
leído una entrevista a Rolland y sintió que
su filosofía vitivinícola la interpretaba ciento
por ciento. Se juntaron e hicieron click. A los 15 días
Rolland estaba en Chile ayudándola a elegir una propiedad.
Era la primera vez que pisaba el país. Sobrevolaron
Maipo, Talca y Colchagua. Cuando llegaron a la propiedad de
Apalta, Michel zapateó el suelo y le dijo "éste
es un buen lugar". Sin mediar más análisis,
Alexandra lo compró. Así nació Casa Lapostolle.
-
Michel, ¿qué viste en Apalta?
Contesta
con una pregunta.
-
¿A ti, te gusta la pintura moderna?
-
Depende.
-
A mí me pasa lo mismo. No conozco nada, pero hay gente
que ve algo en ella. Yo no veo nada. Pero en el suelo puedo
ver. Es algo que no se explica, simplemente sientes que es
un buen lugar. Será porque llevo más de 50 años
caminando entre viñedos.
-
¿No hiciste estudios del suelo?
-
Creo más en el feeling que en el análisis. Un
muy buen ejemplo se da en mi zona, en Pomerol. Ahí
está Chateau Petrus (el vino más cotizado de
la zona). Si analizas el suelo no es para viña, porque
tiene demasiada arcilla, pero tiene también un drenaje
natural que no hay en otra parte. La persona que haga un análisis
o planta maíz o sale arrancando, pero jamás
pondría viñas. Y, bueno, ha salido Petrus. El
análisis ayuda, pero también hay que entender
un lugar y eso sólo lo pueden hacer algunos.
-
¿Es un talento?
-
Es experiencia.
-
Alexandra, ¿qué te convenció de él?
-
Su filosofía.
-
¿Y cuál es?
-
Calidad.
-
Eso es lo que dicen todos los enólogos.
-
Ese es el problema, contesta Rolland. Todo el mundo tiene
el mismo discurso, pero la diferencia está en la copa.
(La
comida está servida en el comedor. Un chardonnay Cuvee
Alexandre acompaña el primer plato).
-
En quince días al año, que es lo que estás
en Lapostolle, ¿alcanzas a ejercer una verdadera influencia?
Porque finalmente el vino lleva tu firma.
-
No creo que me soporten más de 15 días, dice
riendo.
Alexandra
aclara que prueba los vinos cada seis meses.
-
¿Tomas notas de lo que cataste hoy para ver cómo
evoluciona cuando vuelvas?
-
Nunca. Si quieres ser un buen catador nunca tienes que leer
tus notas, porque por bueno que seas, si tienes en mente que
ese vino estaba con taninos secos y duros, siempre lo vas
a encontrar seco y duro. Tengo dos toneladas de notas en mi
oficina y nunca las he vuelto a revisar porque te influyen.
Conozco muy bien el vino y no lo tengo que analizar. Tomo
vino desde hace 50 años.
Tiene
58.
-
Qué piensas de esas notas de cata que hablan de frutas
rojas o sabor a mermelada de mora.
-
Me encanta la mermelada de mora, pero al desayuno.... Jamás
escribo ese tipo de cosas, es estúpido. No sirve para
nada. El vino es para disfrutar. Cuando la gente entienda
eso el mercado va a ser mucho más simple.
-
Quién lo complica.
-
¿Puedo sacar un jocker?
-
No.
-
Los periodistas en primer lugar y luego esa franja de consumidores
que piensan y dicen que saben de vinos.
-
¿Qué te ha llamado la atención en Chile,
en cuanto a vinos?
-
Los chilenos, dice riendo nuevamente.
Rolland
tiene la ironía a flor de piel.
-
No miramos mucho lo que hacen los demás, agrega.
-
Pero debe haber algo que te haya llamado la atención.
Se
demora en responder.
-
En esa época (se refiere a principios de los noventa),
Chile era el país del Nuevo Mundo que tenía
futuro. No se hablaba tanto de Australia y nada de Argentina.
Con Alexandra sólo queríamos un lugar para hacer
un buen vino. Chile era una zona interesante y listo. Si no
te tenías que quedar en Francia, Italia o España.
-
¿Qué referencia tenías del vino chileno?
-
Ninguna. En esa época el vino chileno no existía
en Francia, dice medio exasperado. Voy a decirte una cosa.
Tú haces muchas preguntas. Pero si un francés
en esa época hubiese escuchado a los periodistas, jamás
hubiera venido a Chile, por el tema de Pinochet. Entonces,
nosotros no vinimos aquí por cualquier cosa. Vinimos
por el vino.
Rolland
está irritado.
-
Alguna vez pensaste que ibas a lograr la calidad de Clos Apalta
(el vino ícono de Casa Lapostolle que ha sacado 95
puntos en Wine Spectator)
-
Al principio, no sé. ¿Acaso tú sabes
si vas a escribir un buen artículo mañana? Esa
cuestión de los periodistas que me enoja. Por qué,
por qué, siempre por qué. No sé por qué.
Porque es nuestro trabajo hacer vino y hemos hecho un vino
bastante bueno que ha tenido un buen resultado en el mercado
y listo.
-
Pero había una materia prima acá, dice Alexandra
como queriendo completar su respuesta.
-
Materia prima para vino hay en miles de lugares del mundo.
No es de Chile. Chile es uno dentro de mil. Estamos aquí,
pero podríamos estar en cualquier lugar, aclara Rolland.
-
En la India...
-
Por ejemplo.
-
¿Cómo es eso de hacer vinos en la India?
-
No preguntan. Toman, dice Rolland estallando en carcajadas.
(Llega
el plato de fondo, un salmón con verduras acompañado
de Clos Apalta 2003).
-
¿Conoces a muchos enólogos chilenos?
-
A todos.
-
¿Admiras a alguno?
-
Estoy demasiado viejo para admirar.
-
En Chile a veces se critica a los enólogos porque están
haciendo vinos ultra maduros, ultra concentrados, ultra alcohólicos
y poco elegantes. ¿Estás de acuerdo con eso?
-
Nadie busca ultra. Yo creo que los enólogos chilenos
son totalmente normales. Muy buenos tipos y agradables. Están
buscando el mejor vino posible. Si se equivocan, se equivocan,
pero no están buscando ultra nada.
-
¿Pero cuál es tu opinión de ese
estilo, de fruta sobremadura?
-
De qué vino me hablas, porque yo nos los he probado.
-
Pero a veces se espera demasiado para cosechar, buscando
la maduración de los taninos.
-
¿Qué es esperar demasiado?
-
Insisto, que estén demasiado sobremaduros.
-
Yo no he encontrado vinos sobremaduros en Chile. Pero
poco maduros he encontrado muchos. Vegetales, secos, he encontrado
un montón y de eso no hablamos. Es divertido. El drama
en Chile no es sobremaduro, sino que el 75% del vino está
verde. Es el drama del carmenere, del cabernet, del merlot.
No se me viene a la cabeza ningún vino chileno sobremaduro.
No estoy de acuerdo con eso porque no es verdad.
-
¿Has probado los syrah, por ejemplo?
-
Pero no existe el syrah, no porque haya dos syrah en Chile....
-
Cómo que hay dos syrah en Chile....
-
Hay Montes Folly y Casa Lapostolle.
-
Están Tabalí, Matetic..., dice Alexandra.
-
¿Y encontraste sobremaduro a Matetic?, porque
Matetic está verde, insiste Rolland.
(El
syrah de Matetic ganó el Best of Show de los Wines
of Chile Awards 2006)
-
Se supone que es la cepa con más futuro en
Chile.
-
Que haya dos o tres, no es Australia todavía. OK,
puede ser que haya diez, pero no hay mucho, además
no hay mucho tomable. Son todos verdes, ácidos.
(Todos
gritan ¡al café! Una hierba, un café).
En
el living sigue la conversación. Rolland enciende el
primer cigarro de muchos. Fuma tabaco negro, acompañado
de un café descafeinado, una copita de Grand Marnier
y un chocolate.
-
¿Por qué te toca tanto la vena la palabra sobremaduro?
-
Porque el periodista lo que quiere decir es que hay demasiado
alcohol, es eso. Porque desde que pueden leer la cantidad
de alcohol en la etiqueta, saben que hay alcohol. Antes no
eran capaces de probar el vino y saber cuánto alcohol
había dentro.
-
¿Crees que es un prejuicio?
-
Es la tontería de la gente.
-
¿Pero no te molesta el vino muy alcohólico?
-
El vino alcohólico no, el alcohol sí. El
vino alcohólico no me molesta para nada, porque si
está bien hecho no se siente. El alcohol te molesta
cuando tomas demasiado. Yo prefiero tomar una copa de buen
vino a 15° que un mal vino a 14,2°. Y si pienso que
dos copas son demasiado, tomo una, pero buena.
-
¿Te dolió cómo quedaste retratado
en Mondovino?
-
Obviamente no me gustó y se lo dije a Nossiter
(Jonathan, el realizador) cuando me invitó a ver la
película. No fue muy amable lo que le dije, pero en
fin, la película es la mejor publicidad que me han
hecho en la vida. He recibido emails de gente de todas partes
del mundo que me han dicho vimos Mondovino y nos gustaría
trabajar contigo.
-
Se habla mucho de tu amistad con el crítico
Robert Parker Jr. ¿Crees que hay gente que te contrata
sólo por eso?
-
Puede ser, no lo sé. Pero si algún día
tengo el feeling de que la gente me contrata solamente por
Parker, van a pagar caro.
-
La opinión de quién te merece respeto.
-
Del mercado. Si el vino es un fracaso, ahí me pregunto
qué está pasando. El resultado es el consumidor.
Los demás no existen, hablan o escriben, pero no importan.
-
¿Y el mercado te ha dado la razón?
-
Estoy sobreviviendo.
Son
las once y media y a Alexandra se le cierran los ojos. Mañana
les espera otro round de degustaciones. A dormir.
Sabine Drysdale.
Fuente:
Revista del Campo - Diario El Mercurio -
Notas
relacionadas de publicación posterior:
Viñatero
chileno le contesta a Rolland
Opinión
sobre los dichos (en Chile) de Michel Rolland
Profesionales
y winemakers degustaron vinos de Chile cosecha 2006
Lo
que piensa Michel Rolland, el enólogo mas influyente
del mundo
17
de julio de 2006
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