| La
estrategia francesa que incluye a Argentina y Chile.
Hace pocos días tuve oportunidad de intercambiar
opinión sobre la radicación de bodegas
francesas en la zona de Los Andes (Argentina y Chile)
con un ejecutivo de la CCV. Durante la misma sostuve
que cada vez más se daría un "transplante"
empresario desde Francia a países del Nuevo Mundo,
preferentemente a los nuestros, buscando nuevos horizontes
que les ayude a sortear el costo de producción
en su país y prevenir el efecto invernadero,
que se dará inexorablemnete. Esta nota publicada
ahora por la Revista del Campo corrobora lo dicho.
Ricardo Brizuela
Ver
nota relacionada: El
desembarco francés en Argentina
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La
Apuesta Blanca De Francois y Jacques Lurton En Chile
De
Burdeos a Lolol
En Burdeos su apellido es sinónimo de tradición
y poder en vinos. Son parte de cinco generaciones dedicadas
a las viñas. Elaboran cerca de 70 vinos en distintos
puntos del planeta, pues su objetivo es ofrecer diversidad
a sus clientes. Eligieron Chile porque piensan que es
un paraíso para las viñas y consideran
que su potencial está en el Pinot Noir y en blancos
como el Chardonnay. Casi una blasfemia para la ortodoxia
del tinto.
Patricia Vildósola E., de la Revista
del Campo de El Mercurio.
Once Chateaux, cinco generaciones, vinos
que cosechan medallas y se ubican en los primeros lugares
de los rankings. Una verdadera dinastía de viñateros
por herencia y por elección. Eso y más
es el significado del apellido Lurton en Burdeos, quienes
tienen a su haber viñedos como Chateau Bonnet,
Chateau La Louvière, Chateau Dauzac y Clos Fourtet.
Su sapiencia y su peso son tales que la prestigiosa
revista especializada Decanter, los sindica como una
de las familias más poderosas de la reconocida
región vinífera francesa.
Tanta alcurnia y rancios conocimientos
despliegan sus aromas también en Chile. Son dos
miembros del clan - los hermanos François y Jacques,
hijos del actual patriarca, André- , los que
decidieron producir uvas en Casablanca, Apalta y en
el valle de Colchagua. Elaboran aquí vinos como
el Gran Araucano Sauvignon 2004, calificado como el
Mejor Blanco del Nuevo Mundo 2005 por Decanter, o el
Alka, Carménere que se empinó hasta los
91 puntos en Wine & Spirits en 2005.
Fieles a su intención de hacer
las cosas a su manera, su apuesta en el país
se sale de todos los cánones habituales de la
aristocracia viñatera local. Mientras los chilenos
se concentran en tintos, especialmente Cabernet, los
Lurton están convencidos que Chile ganará
fama por sus vinos de zonas frías con variedades
como Chardonnay, Sauvignon o el mismísimo Pinot
Noir.
"Lo interesante es elaborar vinos
diferentes. Hacemos cerca de 70 en el mundo. Cada uno
tiene su propio gusto, sus propios aromas. Y tratamos
en cada país de encontrar el gusto del origen,
del terroir", explica en un español afrancesado,
François Lurton.
Los Lurton saben de vinos. Aprendieron
de primera mano trabajando desde adolescentes en las
viñas familiares, escuchando las enseñanzas
que el padre había aprendido del suyo y absorbiendo
directamente de las parras el conocimiento ancestral.
Sumaron
aportes académicos.
A los 18 años, cuando tuvieron
que decidir su vida, Jacques optó por seguir
vinculado a la tierra y se convirtió en enólogo.
François, en cambio, tomó cierta distancia
y estudió ingeniería comercial. Pero fue
sólo un alejamiento parcial, pues enfrentando
al mundo laboral volvió al redil y se convirtió
en el experto en marketing de la familia.
Mientras Jacques se concentraba en trabajar
la viña y la tierra, François subía
y bajaba de aviones promoviendo los productos familiares.
Y en ese entrar y salir de viñas y distribuidores,
las consultas eran permanentes.
"Mucha gente quería obtener
ayuda sobre vinificación y también sobre
cómo establecer una bodega o comercialización",
cuenta François.
La demanda "externa" surte
efecto. En 1988 los hermanos se independizan de las
empresas familiares y toman un rumbo propio creando
la consultora Jacques & François Lurton S.A.
Su vida se transforma en aeropuertos
y aviones. Un día cualquiera significaba recorrer
viñedos dentro de Francia, para luego volar a
Moldavia. Al día siguiente podían amanecer
en China, y 30 horas después de la última
reunión bajarse de un avión en Argentina.
Hasta que en 1993 aterrizan por primera vez en Chile
como asesores de Viña San Pedro.
En medio de este peregrinaje de asesorías,
en 1994 hacen un clic.
"Ayudábamos a otros a hacer
vinos, pero no uno nuestro y sabíamos que teníamos
cosas buenas por hacer. Con mi hermano decidimos que
llegaba el momento de empezar a trabajar los nuestros",
comenta François.
Los recursos no abundaban, por lo que
la aventura de volver a lo propio partió comprando
uvas y arrendando bodegas para sus mostos.
"Poco a poco empezamos a ganar
mercados para nuestros vinos", dice el ingeniero
comercial.
En
su recorrido del planeta habían descubierto las
regiones con mayor potencial no sólo en calidad,
sino en originalidad. Sabían donde encontrar
aquellos rasgos que harían de sus productos algo
distinto. Así, seleccionaron Toro en España,
Languedoc en Francia o Mendoza en Argentina.
Un
error afortunado
El pueblo de Vista Flores, en Valle
de Uco, en Mendoza, es el elegido para su primera gran
inversión en tierras. A través de bancos
financian los US$6 millones que les significan comprar
las cerca de 300 hectáreas.
Todo parecía estar bien hasta
que llega el container que traía los esquejes
de chardonnay desde Francia.
Al abrir las puertas descubren... que
quien había cargado el contenedor se había
equivocado y en lugar de Chardonnay había enviado
Pinot Gris.
"Decidimos plantarlo y fue un éxito
increíble. Hoy representa el 40% de nuestras
ventas argentinas", se ríe François.
A partir de ahí continuaron sumando
propiedades alrededor del mundo: actualmente poseen
un viñedo grande en el sur de Francia; tierras
en Toro y Rueda, en España; en Uruguay y en Portugal.
En esos y otros lugares producen sus
cerca de 70 vinos que luego envían a sus bodegas
en Burdeos, para desde ahí distribuirlos a sus
clientes, y cumplir así con su objetivo de ofrecer
diversidad.
"Todos nuestros productos son enviados
a Francia. Ello nos permite contar con un mix muy interesante
y amplio, pues ponemos a disposición de los clientes
pequeñas cantidades de productos muy especiales.
Y estamos en Burdeos, donde cada año llegan los
principales distribuidores del mundo", dice el
empresario.
Chile,
un paraíso
Desde que aterrizaron en Chile, los
Lurton descubrieron que era un lugar donde querían
estar.
"Si hubiera sido vid, me hubiera
gustado ser plantado en Chile", dice François.
El contrato con San Pedro, sin embargo,
les exige exclusividad y sólo pueden hacer pequeñas
cantidades.
"En Santa Cruz conocimos a Alejandro
Hartwig, que tenía una bodega pequeña.
Dio pie para que produjéramos pequeñas
cantidades del que sería nuestro Gran Araucano",
recuerda François.
La zona les atrajo. "Ahí
se obtiene un vino con mucha frescura, muy redondo,
es una zona donde no hay tanto mentol como en otras
de Chile".
Buscan un lugar donde instalarse. Recorren
la IV Región, pero no dicen que buscan tierras
para comprar. "Si sabían que veníamos
a eso, los precios se disparaban", se ríe.
Finalmente, en 2000, juntan un paño
de 200 hectáreas que compran a siete agricultores
locales. Y descubren que el clima es distinto al del
resto de la zona.
"Tiene noches muy frías
y es muy seco de día, lo que le da condiciones
muy especiales para ciertas variedades como Pinot Noir",
explica.
Fieles a su búsqueda de lo distinto
y de lo propio, es precisamente a esa variedad a donde
dirigen su apuesta.
"Pensamos en Pinot Noir. Tiene
una imagen increíble en el mundo y muy buenas
posibilidades en Chile. Se hace mucho en el norte de
California, en orgánico, y en Francia hay varios
vinos de los más caros del mundo que se hacen
con esta variedad", explica Lurton.
Su otra gran apuesta es la de los blancos.
Los Lurton están convencidos que Chile tiene
futuro con Sauvignon y Chardonnay.
"Los blancos van a posicionar a
Chile a un nivel de calidad y de reputación porque
son variedades muy frágiles y muy difíciles
de hacer. Existen las condiciones de clima en la franja
costera que va de Casablanca a Curicó para dar
vinos excepcionales".
Recién comienzan a plantar sus
tierras, pero sus Gran Araucano y Alka cosechan oros
y se empinan sobre los 85 puntos en los distintos rankings
y concursos internacionales, ubicándose entre
los tops mundiales.
La dinastía Lurton, como se ve,
recién comienza en Chile.
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continuidad en la siguiente nota
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