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Kirchner y los vecinos
Por
Mauricio Llaver Prosecretario de Redacción de
Los Andes (Publicado el 26 de diciembre de
2005)
Uno de los datos más impresionantes de la biografía
de Néstor Kirchner es que, fuera de Chile, no
conocía ningún otro país extranjero
hasta haber sido presidente de la Nación. Para
alguien que tenía todas las posibilidades de
hacerlo, es una actitud que no deja de ser llamativa
a la hora del rastreo de su perfil personal.
Kirchner,
se sabe, viene del profundo Sur. Por lo cual su negativa
a abrirse al mundo podría atribuirse a algún
tipo de mentalidad insular. Salvo que, una vez en la
Presidencia, no le queda otra opción que conocer
cómo funciona el mundo. Y entrar en su juego
de intereses y de complejidades, como las que está
atestiguando en estos días con los países
vecinos.
En
una notable coincidencia, Brasil, Bolivia y Chile están
produciendo novedades en estos tiempos, y todas afectan
su relación con la Argentina. El juego no es
menor por la sencilla razón de que concierne
a nuestros intereses. De lo cual surge un interrogante:
¿cómo encarará Kirchner, con su
nuevo canciller Taiana, las complejidades de lo que
se avecina? Veamos algunos datos del rompecabezas.
Lula
y la ortodoxia
En
primer lugar está Brasil, por una razón
natural de peso y de tamaño.
Con
el enorme vecino del Norte ocurre algo curioso: que
todos consideran a Lula como un líder de izquierda,
pero a la hora de analizar su política económica
no hay mucho de tal cosa. En cada análisis que
se hace sobre América del Sur se lo considera
como uno de los líderes contestatarios de la
región, pero la realidad hace que difícilmente
se lo pueda encajar ahí.
Para
ello ha dado varios ejemplos, políticos y económicos.
Entre
los políticos, el más fuerte fue hace
unas semanas, en la Cumbre de las Américas de
Mar del Plata. Allí, mientras Chávez,
Maradona, Evo Morales y Bonasso, entre muchos otros,
promovían la “anticumbre”, Lula se
quedó calladito y ni habló de oponerse
al ALCA. Y al día siguiente aprovechó
el viaje de Bush para recibirlo en Brasilia, en donde
mostraron haber hecho unas migas que más de uno
envidiaría. El acercamiento fue tan notorio que
Lula hasta se ganó ironías del propio
Fernando Henrique Cardoso, quien le sugirió que
había que guardar ciertas formas para un país
que siempre ha mostrado una firmeza ejemplar en la defensa
de sus intereses ante la primera potencia mundial.
Y
en lo económico, ni hablar. Porque si algo ha
caracterizado al sindicalista Lula ha sido su cuidado
obsesivo del superávit fiscal (este año
apunta a ser del 7%) y el manejo de las tasas de interés
apuntando a evitar la inflación. Mientras que,
un par de días antes que la Argentina, y sin
que nadie se lo imaginara, anunció la cancelación
de la deuda con el FMI como otra señal de ortodoxia
y de apoyo a su ministro de Hacienda, Antonio Palocci.
Lula
presenta para Kirchner un problema de incompatibilidad
de opciones: si se inclina por él por lo que
realmente es, no se podría inclinar por Chávez.
Si lo prefiere a Chávez, debería alejarse
del brasileño. Con tantas cartas sobre la mesa,
se supone que el juego semántico de apostar por
los dos se irá estrechando con el tiempo.
Evo
y la realidad
En
Bolivia ha llegado la hora de Evo Morales, con un triunfo
contundente en las elecciones del domingo pasado. Pero
después de la euforia viene la hora de la realidad.
Y ahí las decisiones empiezan a adquirir una
racionalidad obligada.
La
gran pregunta es qué hará el nuevo presidente
una vez que esté en el poder y cuando deba compatibilizar
reclamos desde posiciones opuestas.
La
primera inclinación después del triunfo
fue buscar el camino del medio. Es decir, pretender
el control sobre los hidrocarburos pero sin nacionalizar
las empresas. Es decir, tratar de quedar bien con todos.
Pero
en algún momento tendrá que romper con
alguien, y ahí sabremos si tiene la astucia y
la fuerza para doblegar a las grandes petroleras o si
las víctimas serán muchos de sus votantes
que creen genuinamente que pronto accederán a
un mejor nivel de vida.
Entre
esas decisiones, deberá hacer frente a su propia
promesa de aumentar el precio del gas que le vende a
la Argentina. Y entonces Kirchner deberá definir
qué hacer con alguien que encarna dos deseos
suyos opuestos: las ganas de que a Evo (por quien expresó
públicamente su inclinación) le vaya bien
en Bolivia, y la posibilidad de que Evo, en su defensa
del interés de los bolivianos, tome una decisión
que afecte a la Argentina. Pronto sabremos cómo
define K ese intríngulis.
Chile
y el anillo energético
Va
quedando Chile, el otro vecino con novedades.
Ahí
también hay una incertidumbre, sobre quién
será el próximo presidente, pero también
una certeza, que es que nada cambiará radicalmente
en la economía después del 15 de enero.
Salvo una movida necesaria en política exterior
en la cual seremos protagonistas obligados.
La
proyección es la siguiente: Chile necesita de
energía para sostener su ritmo de crecimiento
y la inserción internacional que está
consiguiendo por medio de acuerdos de libre comercio.
Y entonces Bachelet o Piñera deberán cerrar
un anillo energético con Argentina, Perú
y Bolivia para conseguir la provisión necesaria
de gas.
Las
relaciones quedaron heridas en los dos últimos
inviernos, en que la Argentina usó a Chile como
variable de ajuste ante nuestra propia insuficiencia
de gas. Y para Chile obviamente no será fácil
negociar ni con Perú ni con Bolivia, adversarios
históricos desde la Guerra del Pacífico
de 1879-1883.
Por
lo tanto, se estima que el próximo presidente
chileno deberá mirar obligadamente hacia nuestro
país y sus otros vecinos, luego de los tratados
con EEUU, la UE, México, Corea del Sur y China.
Dato
interesante para la Argentina: Chile deberá apoyarse
en nosotros. Se viene el desafío de una cooperación
en serio.
Panorama
complejo
El
panorama que presenta América del Sur está
lleno de complejidades.
Brasil
tiene claro que quiere seguir ejerciendo el liderazgo.
Chile
necesita de la Argentina, de Bolivia y de Perú.
Pero deberá recomponer relaciones con todos.
Bolivia
está en la incertidumbre sobre qué podrá
hacer realmente el nuevo presidente.
Argentina,
obligada por la geografía y la historia, está
condenada a tomar decisiones en medio de ese tablero
móvil y cambiante. Tremendo desafío para
un presidente al que le gusta meterse en todo y a quien
el mundo no pareció importarle demasiado hasta
hace unos pocos años.
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