Chile
La
Araucanía, la nueva frontera vitivinícola
En plena región de La Araucanía,
en la IX Región, un grupo de franceses
y chilenos está buscando fundar el valle
del pinot noir. Justo ahí, en un lugar
que en el siglo XIX fue conocido como el granero
de Chile y que desde el siglo pasado es el sector
forestal por excelencia, están comenzando
a construir los cimientos del que promete ser
el próximo polo de desarrollo vitivinícola
local.
La primera viña en llegar,
específicamente a Traiguén, es Aquitania,
de propiedad del enólogo chileno Felipe
de Solminihac y de los franceses productores de
la Borgoña Bruno Prats, dueño del
reputado Chateau Cos d'Estournel; Paul Pontallier,
director técnico del tradicional Chateau
Margaux, y Ghislaine de Montgolfier, ligado a
la champaña Bollinger.
A cinco kilómetros del
pueblo cuentan con 13 hectáreas que producen
pinot noir y chardonnay bajo la marca Sol de Sol
y están en pleno proceso de plantar otras
13 hectáreas. "Es una zona con mucho
potencial, aunque quien quiera venir debe saber
que las condiciones son difíciles. En verano
el agua escasea y los rendimientos son bajos.
Hay que saber producir de manera que la inversión
sea rentable", explica de Solminihac.
Por
ser una zona fría, la Araucanía
es ideal para producir cepas como chardonnay,
riesling y pinot noir. Esta última, además,
es la nueva moda en el mercado internacional.

Y
se ha transformado en todo un desafío,
pues en medio de cepas tintas cálidas,
como el cabernet sauvignon, carmenere y syrah,
el pinot noir ayuda a ampliar el portafolio exportador
con una cepa tinta fría.
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A
150 años de la creación de
Nueva Francia

Curioso:
hace 150 años, fué en 1860,
el aventurero francés Orelie Antoine
de Tounens logró lo que nadie antes
había podido: convenció al
jefe de los indios araucanos, el cacique
Quilapan, para que se pusiera bajo sus órdenes
e integraran un estado independiente que
reuniría a los pueblos indígeneas
del sur. Nació así el Reino
de la Araucanía y la Patagonia, teniendo
a los indígenas como vasallos poderosos.
Hay que recordar que en la conquista española,
nunca fueron dominados totalmente. Tounens
posteriormente rebautizó a su territorio
como Nueva Francia. Adoptó como frase
que acompañaba su título:
"Orélie-Antonie 1er.,
par la grâce de Dieu et la volonté
des Indiens de l'Extrême Sud du Continent
Americain, Roi d'Araucanie et de Patagonie".
Avatares diversos lo convencieron que era
inútil luchar contra los gobiernos
de Chile y Argentina y regresó a
su país. En Francia sufrió
gran decepción porque nadie sabía
de su gesta en el extremo sur. El final
de esta historia tiene un tinte tragicómico.
El título de Rey de la Araucanía
y la Patagonia nunca fué resignado
por Orelie Antoine I y a su muerte lo heredó
un primo suyo que "asumió"
con el nombre de Aquiles I. El bueno de
Aquiles utilizó este supuesto señorío
para distribuir títulos de nobleza
que vendía al mejor postor. Murió
en medio de la pobreza, después de
dictar "conferencias" en un café
de Francia, sobre la historia de su casa
real, por las que recibía lo justo
para poder comer diariamente. Actualmente
un tal Philippe Boiry, como Felipe I, Príncipe
de los Aucas y Duque de Kialeou, es el regente
y aspirante al trono.
Redacción de Diario del Vino |
A
cuatro kilómetros de la plantación
de Aquitania, en tanto, tres chilenos están
dando cuerpo a su proyecto. Se trata del doctor
en terroir Pedro Parra y de los enólogos
Francois Massoc y Francisco Leyton (hijo del ex
dueño de los supermercados San Francisco).
El nombre del vino es Clos de
Fou (loco, en francés), nombre que tiene
que ver con la reacción que provocó
la decisión de los tres amigos de producir
vinos en la IX Región. "Al final ha
sido una muy buena decisión", afirma
Parra. El proyecto avanza. Acaban de plantar ocho
hectáreas y pretenden producir 15 mil cajas
de vino hacia el año 2014. "Para mí,
esta es una buena zona para pinot noir, riesling
y chardonnay", añade.
Y
en la frontera de la Región del Bío
Bío con La Araucanía, específicamente
en Negrete, la firma VC Family Estates, de propiedad
del empresario Pedro Ibáñez, también
puso sus fichas en el pinot noir.
En total, la firma posee más
de 310 hectáreas de la cepa distribuidas
en Negrete y Mulchén, a cargo del enólogo
francés-canadiense Pascal Marchand. Y desde
hace poco, además, tiene una alianza con
Nicolás Potel, un destacado productor de
vinos burguiñonés, quien producirá
pinot noir en los campos de VC Family Estates,
los que llevarán su nombre.
Otro que está experimentando
en la zona es Carlos Heller. El presidente del
holding Bethia, ligado a Liliana Solari, está
en la etapa de probar cuáles son las mejores
cepas y, una vez concluida esa fase, podría
llegar a plantar hasta 100 hectáreas. Este
es un proyecto personal del empresario que no
está asociada a la viña Indómita,
que pertenece al portafolio de negocios de su
familia, una de las mayores accionistas de Falabella.
Las posibilidades que ofrecen
estas tierras en el sur son amplias. Por lo mismo,
la industria ya está mirando el que será
su próximo destino: Capitán Pastene,
el pueblo de descendientes italianos enclavado
en plena Araucanía. "Como siempre
pasa en este sector, estamos todos mirando quién
dará el primer paso. Cuando uno lo haga,
el resto lo seguirá, tal como pasó
en los valles de Limarí y Leyda",
dice un director de una viña local.
La
locura del Pinot Noir
Al pinot noir se la ha caracterizado
como una cepa fresca y elegante. Pero no fue hasta
2004 cuando la locura por estos vinos comenzó
a apoderarse de la industria mundial. Y en gran
parte fue gracias a un documental y una película.
En el primero -de nombre Mondovino-, el director
Jonathan Nossiter entrevistaba y seguía
a grandes personajes, como el crítico Robert
Parker y Michelle Rolland, para muchos el enólogo
más importante del mundo. Ahí, elevó
al pinot noir a la categoría de estrella,
lo mismo que ocurrió en Sideways, un film
en que el protagonista denostaba el merlot y decía
amar el pinot noir. El Times Online señaló
que luego del estreno de la película las
ventas de merlot cayeron 6% y las de pinot noir
aumentaron 16% en EEUU.
Acá en Chile, en tanto,
los que se han atrevido con el pinot noir tienen
un factor común: Borgoña. La cepa
tiene ese origen y los galos que buscan producirla
acá provienen y producen en esa región.
Chilenos como Pedro Parra y Francois Massoc, además,
estudiaron en la la U. de Borgoña. "Buscamos
desarrollar plantas con muy poca intervención
y baja producción para encontrar una calidad
superior", dice el doctor en terroir.
30 de agosto 2010