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Escribe desde París
Ricardo
Brizuela, director de Diario del Vino.
Ya no hay lugar para dudas ni vacilaciones.
Quien no asume una posición definida en el mundo del
vino está condenado al fracaso. Este mundo dinámico
ha entrado ahora en una vorágine cuyas consecuencias
se medirán en la porción de mercado que cada
uno sepa conquistar.
Y
sin dudas, uno de los elementos que se tiene en cuenta hoy
en día en cualquier capital del vino es la crisis que
altera los valores en juego, entre ellos la de la otrora imbatible
divisa de Estados Unidos.
El
éxito obliga
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Ahora,
desde la Torre Eiffel las cosas se ven distintas. |
Hubiera
sido impensable tiempo atrás suponer que un país
o una región exitosa podria pagar precisamente ese
éxito con el relegamiento de su posición exportadora.
Chile
es un ejemplo: Productor de cobre por antonomasia, la lluvia
de dolares que recibe de este producto es un lastre muy dificil
de superar para sus exportaciones. Y el vino es una de ellas.
Consecuencia: decenas de pequeñas y medianas empresas
viven en vilo frente a las pizarras de las casas de cambio
del centro de Santiago.
Francia,
el más importante productor y exportador de vino del
mundo, padece el mismo drama. Inserto en el éxito de
la Unión Europea, con un Euro de muy alto valor, observa
como dos de sus principales clientes le producen desasosiego
con sus economías insertas en el área del dólar
en picada libre: Estados Unidos el principal.
Evidentemente,
el éxito - a veces - tiene un alto costo.
La
búsqueda de mercados
Ante
esta instancia, las opciones no abundan y, volviendo a los
protagonistas señalados, cada uno de ellos tiene caminos
diferentes.
Chile
debe adaptar su producción en forma urgente y salir
a la conquista de un mercado nuevo, donde va a pesar mas la
calidad de los productos premium que la línea de vinos
buenos y bonitos que hasta ahora ofrecía en todo el
mundo.
Por
el lado francés, el panorama pareciera definirse con
cierta holgura.
Dueños
hoy día de una de las monedas mas fuerte de la economía
mundial, está en condiciones de negociar con nuevos
mercados haciendo pesar su condición de liderazgo.
Para ello nuevos aires soplan en los gabinetes enológicos
de cada bodega del país galo: ahora se sabe que el
Nuevo Mundo impuso un tipo de vino que gusta. Y, por más
afecto al conservadurismo, una posición pragmática
está volcando una nueva producción hacia los
vinos jóvenes y afrutados que el mercado reclama.
El
idioma, esa barrera
Siglos
de preeminencia le enseñaron a los franceses a hacer
buenos vinos, pero no le aseguraron la excelencia en el manejo
de la conquista de nuevos mercados.
Hoy,
los mayores éxitos del país galo tienen por
escenario Alemania, Bélgica, Reino Unido, Estados Unidos,
Japón, Países Bajos, Canadá, Suiza, Dinamarca
y China. Todos ellos paises bajo la influencia del idioma
francés o inglés. Para Francia, el español
no existe.
Sin
embargo, detrás del español, tercer idioma de
internet, está todo un subcontinente como el americano
con cerca de 400 millones de potenciales clientes.
La herramienta del idioma es seguro que será una de
las que los franceses tendrán que apelar a corto plazo.
En
un mercado infiel por natruraleza, hay algo insoslayable:
el cliente necesita que le hablen su propio idioma.
A
la luz de estos nuevos factores, seguramente vamos a ver un
cambiante panorama en el mercado. Como dice un viejo dicho
argentino: "ahora nadie tiene la vaca atada".
Mayo
14 de 2008 |