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Columna de Opinion. Escribe Ricardo
Brizuela, director de Diario del Vino
Con
una inflación del 25 por ciento, una protesta que paraliza
la producción del campo y una deuda externa
que volvió a situarse a la cabeza de sus registros
históricos, los vitivinicultores argentinos no tienen
ganas de festejar.
Si
bien la coyuntura internacional vuelve a beneficiar al país,
el errante manejo de su economía pone en peligro el
trabajo del sector viticultor mas vulnerable.
A
la hora de vender, muchos pequeños y medianos productores
no saben dónde estan parados, y la apertura de nuevos
mercados en el exterior para ellos se torna cada vez mas ilusoria.
Pese
a la buena acogida de sus vinos en mercados como los de Estados
Unidos, el mantenimiento de la relación precio calidad
es una utopía, frente a un mundo vitícola tremendamente
competitivo.
Una
gira reciente por bodegas de Francia y España arrojó
para el que esto escribe un panorama que puede transformarse
en la pesadilla de los mas optimistas emprendedores argentinos.
Por
ejemplo, consultando en la zona del Medoc sobre la procedencia
de insumos mecánicos para las bodegas, la respuesta
generalizada fue Portugal. "Son proveedores confiables
y tienen una mano de obra mas barata", fue la respuesta.
Vale decir: en la UE hay opciones, y con sus ampliaciones
aún mas. Esto los transforma en altamente competitivos,
aún con sus problemas de producción primaria.
En otro extremo, un vino de factura parecida a un producto
medio argentino y de igual calidad, para competir en el segmento
de los u$s 15 al público, tiene una oferta de €
2,5 la botella contra un precio de u$s 3,50 a 4 en Argentina.
Estos precios europeos por supuesto tienen las ventajas del
costo de insumos como barricas, tapones, etc., y luego el
traslado y logística hacen lo suyo. No es lo mismo
enviar un vino de España a Londres que desde el fin
del mundo. Pero al margen de estas realidades que impone la
maquinaria de la UE, hay un tema de manejo económico
de la cosa pública. En la Unión Europea no hay
sorpresas. Argentina, en cambio, paraciera que está
condenada a tropezar permanentemente con la misma piedra,
aún con el mejor escenario a su favor.
De
acuerdo o no con él, Jorge Luis Borges dejó
para el análisis una frase polémica: "Los
peronistas no son buenos ni malos; sólo son incorregibles".
Será éste el sino argentino?
Como
complemento de esta columna recomendamos este artículo,
publicado ayer en Area
del Vino.
Mayo
9 de 2008 |