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Escribe: Lic. Rebeca
Martínez Juárez
Eran
mis tiempos en la Facultad de Derecho de mi querida Universidad
Nacional Autónoma de México, cuando conocí
personalmente a Mercedes Sosa. La Negra nos daba a los universitarios
un concierto, de esas canciones que los jóvenes disfrutábamos
y nos impulsaban a la mayoría a abrazar aquellas luchas
sociales, con la vocación revolucionaria que casi todos
teníamos con los ánimos que da la fuerza juvenil;
aunque - en la mayoría de los casos - luego cada uno
siguió muy a su manera, simplemente con aquellos ideales
apagados o suplantados por otros tipos de lucha.
Cantaba
a autores como Facundo Cabral, y a pocos mas, no por que fueran
pocos los autores, pocos en el sentido que no tantos decían
lo que decían con esa profundidad que nos desbordaba
los sentimientos; nos cantaba su sentir con esa enorme voz;
canciones todas, de las que entonces solíamos denominar
de protesta. Así, entonces, la fui siguiendo al través
de sus discos y de sus presentaciones en el teatro Ferrocarrilero
y en varios escenarios mas, siempre acompañada de mis
entonces inseparables amigos revolucionarios. Y fue la Sosa
quién con su trova abanderaba nuestros ímpetus
de lucha.
Mis rumbos cambiaron, tomé otras sendas, fueron otros
mis fusiles, otras mis armas, y así fui abogada, acendrada
lectora, intenté la pintura, la psicología,
la escritura y algunas cosas más.
Ahora
que me dedico a la cata de vinos en concursos internacionales
y de cuándo en cuándo al periodismo, siempre
vinculado al vino y que insisto en su relación con
las artes, sobre todo con la música y la literatura,
muy frecuentemente vuelve a mi memoria el recuerdo de la Negra
Sosa.

Mercedes Sosa, con autoridades de Cultura de la Provincia
de Mendoza, en Conferencia de Prensa durante la Fiesta de
la Vendimia 2008, en un saludo muy especial para México.
En esta nueva actividad y en uno de estos viajes a los que
me lleva mi profesión actual, me reencontré
con ella en una rueda de prensa que dió en la Ciudad
de Mendoza con motivo de su presencia en las fiestas de la
Vendimia. Le hice una pregunta, claro presentándome
como periodista mexicana y de este Diario, y ella en unos
minutos, con una memoria asombrosa, me recordó aquellos
mis tiempos universitarios, sin saber que era yo una de esos
jóvenes que con nuestros bríos y pasión
la retribuíamos lo que ella nos daba.
México
le trae recuerdos maravillosos, según así lo
dijo con gratitud; me entusiasmó nuevamente ya que
cantó un fragmento de “Qué bonita es mi
tierra” de Rubén Fuente, compositor mexicano.
He
de decir que la vi muy bien aunque contó de su enfermedad.
También veo que esos tiempos en que la juventud se
le volcaba han pasado, pero ella sigue conservando esa voz
extraordinaria, ese don de gente, ese manifestar como poetisa
sus andanzas de trovadora.
Para mi la Negra sigue siendo "Ella", la mujer que
tiene historia, una historia de andar los caminos con canciones
que no son de aquí ni son de allá, historia
que victorea al estudiantado, mujer con historia en sus hermanos
de esta América inmortal y mujer con una historia,
¿ por que no? de haber probado y disfrutado de buenas
cepas, sobre todo de esas mezclas doradas de la pinot noir
y chardonay, una Mujer con historia que nos trae recuerdos
a otras tantas que también la tenemos.
Marzo
30 de 2008 |