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Lima será
sede el 16 y 17 de mayo de una cumbre con pocos precedentes
en el mundo: unos 50 presidentes y jefes de estado, europeos
y latinoamericanos, se darán cita en la capital del
Perú para intentar avanzar en acuerdos bicontinentales
en comercio, cooperación y diálogo político.
Un día antes, el 15, los cancilleres y comisarios del
Mercosur y la Unión Europea buscarán reanimar
el demorado pacto de integración entre los dos bloques.
Y si tienen anuncios positivos que hacer, el 17 lo harán
los presidentes.
Claro,
mucho de lo que allí pueda anunciarse -si hay progreso,
sería nada menos que uno de los más grandes
tratados entre bloques de la historia- dependerá de
que antes se destrabe la negociación comercial global,
la ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio.
Si allí siguen primando los intereses de las grandes
potencias, más amigas de lograr ventajas e imponerse
en mercados no desarrollados que de ceder en sus propios proteccionismos,
difícilmente pueda esperarse algo más allá
de la foto de rigor en la cumbre de Lima. La OMC convocaría
a sus ministros a fin de abril o principio de mayo en Ginebra.
Ahí se verá el espíritu, o no, de lograr
un consenso.
Ayer,
en rueda de prensa, el embajador de la UE en Buenos Aires,
Gustavo Martín Prada, detalló un intenso calendario
de citas para conseguir el objetivo. Este domingo llegan a
Ezeiza parlamentarios europeos que verán a la presidenta
Cristina Fernández de Kirchner y a otras autoridades
políticas del país. Y el 2, 3 y 4 de abril en
Bruselas, capital de la UE, y el 25 en Buenos Aires, se revisará
el estado de la negociación y la voluntad política
para terminarlas.
"Desde
2004 el proceso para la asociación con la UE va en
cámara lenta. Es hora de relanzarlo con anuncios concretos
en Lima. Pero necesitamos señales claras de Doha. Creo
que hay avances en Ginebra. Si no, se habrá perdido
una oportunidad para la economía global", dijo
Martín Prada. Clarín le preguntó si,
como plantean algunos analistas, la suba de precios y mayor
demanda mundial de alimentos no hacen menos atractivo un acuerdo
comercial justamente trabado, según el Mercosur, por
la falta de atractivos en materia de acceso a mercados agropecuarios
en la oferta de la UE, que a su vez se queja de que el Mercosur
no cede más en servicios e industria. Para el embajador
"eso sería ver el corto plazo. Sí, esos
productos efectivamente hoy lucen con buenos precios y demanda,
pero pueden cambiar en el futuro. En cambio a largo plazo,
un acuerdo con la UE garantiza inversiones pues consolidaría
al Mercosur, que habría así cerrado trato con
el mayor mercado mundial integrado, la UE". Subrayó
sobre todo "inversiones en productos agropecuarios transformados,
en carnes, lácteos, o vinos, que ya están entrando
muy bien en la UE".
El
embajador también señaló que Latinoamérica
-la UE ya tiene acuerdos con Chile y México, y busca
otros con países andinos y centroamericanos- y Europa
coinciden "como ninguna otras dos regiones del mundo
en materias como cambio climático, migraciones, derechos
humanos, combate al terrorismo y a la droga, necesidad de
multilateralismo y de Naciones Unidas para resolver conflictos.
Ese capital político debe aprovecharse para sellar
acuerdos significativos en Lima".
Fuente: Diario Clarín de Buenos Aires
del día 28 de marzo de 2008
Marzo
28 de 2008 |