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La
industria vitivinícola nacional espera comercializar
65 por ciento de su producción en la temporada de septiembre
a enero y consolidar, de esa forma, el crecimiento de 12 por
ciento anual que mantiene durante el último lustro.
La
coordinadora de Promoción de Vinos Mexicanos, de la
Asociación Nacional
Vitivinícola, Pilar
Meré Palafox, explicó que la
producción nacional muestra un crecimiento, principalmente
en calidad, por lo que se exporta 25 por ciento, incluso a
países tradicionalmente productores y consumidores.
Admitió
que la producción aún es reducida, de 1
millón 760 mil cajas de 12 botellas de 750 mililitros,
por lo que México no figura en el ranking de productores.
De esa forma, la industria factura 42 millones de dólares
y genera siete mil empleos, la mitad de ellos temporales.
El
consumo en países como Francia,
Italia y España llegó a ser
de 70 litros per cápita, pero cayó a un rango
de 35 a 40 litros al año, mientras en México
el consumo es de 470 mililitros, lo cual -señaló-
marca una gran diferencia en el terreno de producción
y consumo, en el cual se incluye a los vinos importados.
Pese
a ello, dijo que desde hace 18 años la industria mexicana
reinició su crecimiento y, desde entonces, participa
en concursos con catas a ciegas, "sin el problema del
malinchismo", obteniendo más de 350 premios, entre
medallas de oro, plata y bronce, reconocimientos que se dan
tradicionalmente a países consumidores y experimentados.
Meré Palafox resaltó que "en estos últimos
35 años hemos avanzado mucho más que en 200
años anteriores en materia vitivinícola a nivel
global".
Así,
destacó que el mercado del vino está dividido
en 60 por ciento de importación y 40 por ciento de
producción nacional; "pero la buena noticia es
que de ese total que producimos se exporta 25 por ciento.
Agregó
que México exporta vino incluso a países tradicionalmente
productores y consumidores, además de que no registra
excedentes de producto, es decir el vino que se produce se
consume.
Por
otra parte, indicó que en países de la Unión
Europea hay subsidios desde el campo, proceso,
comercialización y exportación del vino, lo
que da grandes facilidades para exportar y llegar a México.
"El
segundo vino importado es el de Chile,
donde también hay subsidios, además de que tiene
un arancel cero para ingresar a México, donde no tenemos
subsidios, sino ciertos apoyos del gobierno".
Sin
embargo, dijo que "lo grave es la percepción
de que el vino mexicano es caro, pues tiene dos impuestos,
el IEPS y el IVA, que sumados significan 43 por ciento, lo
que encarece al producto, además de no pertenecer a
la canasta básica".
Un
freno adicional, dijo, es la baja producción y el reducido
consumo.
"El
vino mexicano tiene que enfrentar precios muy por debajo de
la realidad, con botellas a 35 pesos, cuando el precio muchas
veces es el factor de decisión de la gente, sobre todo
cuando no conoce, pues nos afecta enormemente".
Pero
"en los últimos cinco años la industria
crece a través de pequeñas empresas y productores,
a veces independientes y que suman medio centenar. También
es cierto que hay empresas consolidadas, que elaboran desde
el producto ordinario hasta el premium", señaló.
El
vino puede ser un producto accesible, en la medida en que
se consolide la industria y haya un mayor consumo, sobre todo
que su elección sea sobre los productos nacionales.
Enero
28 de 2008 |