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Datos relevantes:
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El Ithaca tiene 10 m. de eslora y 3,30 m.
de manga.
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Casco: construído en acero 4 mm.
1010.
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Cubierta: acero 3,2 mm. espesor
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Detalles de cubierta: acero inoxidable 316
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Calado: 1,80 m. Lastre: 1,80 tn.
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Altura del palo: 14,10 m. sobre línea
de flotación.
- Construído en Buenos Aires por
su tripulación: Patricia y Miryam.
- Partida: Marzo de 2005 del Puerto de Buenos
Aires.
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Destino: Londres (arribo 22/8/2006)
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Objetivo: Vuelta al Mundo
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No
podíamos imaginar, mientras caminábamos
por aquella isla tropical, lo que nos depararía
el viaje que estábamos prontas a iniciar.
Llegadas a Saint Martin, en pleno corazón
del Caribe, paseamos un poco y a cada rato debíamos
recordarnos que íbamos a emprender el recorrido
más largo e importante que habíamos
realizado hasta ahora: nada menos que el cruce
del Océano Atlántico.
Andábamos por las calles de la isla y no
podíamos caer en la cuenta de lo que sería
aquello.
Y así salimos, con la sensación
de no haber caído en la cuenta…,
con la sensación de que sería una
travesía de una semana, aunque la razón
nos indicaba otra cosa…
Habíamos decidido no ir a las islas Bermudas,
sino realizar la ruta directa a Azores.
Esto tenía algo a favor y algo en contra.
Yendo por Bermudas, dividiríamos el viaje
en dos etapas, pudiendo solucionar cualquier problema
que se presentase allí mismo y reabastecernos;
pero por otro lado, deberíamos subir mucho
de latitud y por allí la posibilidad de
tormentas y vientos fuertes es casi constante.
Por la ruta directa, deberíamos tener menos
vientos fuertes tormentosos y, en cambio, eran
previsibles muchas calmas.
Preferíamos este camino porque debíamos
adaptarnos a la navegación, antes de que
comenzara el mal tiempo. Es inimaginable pretender
hacer un cruce de este tipo y no pensar que encontraremos
mal tiempo.
En Puerto La Cruz, Venezuela, cargué 520
litros de gasoil, en los tanques y en sendos bidones
que instalé en la cubierta sobre ambas
bandas. El combustible y la cerveza en Venezuela
son mas barato que el agua. 60 litros de gasoil
cuesta tan solo un dólar. Creo que lo cobran
para no regalarlo…
Los primeros días de navegación
fueron muy lindos. Viento de no más de
10 nudos, mucho sol, poca mar y muchas veces tuvimos
que prender el motor para avanzar. Al ir alejándonos
del Caribe el viento comenzó a soplar un
poco más. Los delfines jugaban en la proa
del Ithaca y hasta hemos podido escuchar cómo
se comunican entre ellos.
Un día
estábamos conversando dentro del barco
y comenzamos a sentir un ruido. Vamos siempre
muy atentas a los nuevos ruidos, porque ellos
representan el lenguaje del Ithaquita cuando nos
quiere decir algo.
Nos preguntamos qué podía ser y
no encontrábamos el motivo, se repetía
insistentemente. Salí al exterior, fui
hacia la proa, de allí venía el
sonido y grande fue mi sorpresa cuando observé
a una veintena de delfines jugueteando alrededor
del Ithaca. Llamé a Miryam y pudimos ser
testigos de ese diálogo marino que se estaba
entablando en torno nuestro. Habíamos visto
muchos delfines pero era la primera vez que los
escuchábamos y tan nítidamente.
La conversación quedó registrada
en nuestra filmadora, tan claro era el sonido!!!
Ballena
a babor
Otra vez, estaba
yo terminando mi guardia, casi amanecía,
percibí algo con el rabillo del ojo y le
digo a Miryam:
- “Mirá, un delfín!”.
Pero rápidamente caí en la cuenta
que lo que había visto era mas grande que
el lomo de un delfín y que los delfines
no andan solos, sino en grupo. Miryam se asomó
y volvió a entrar. A los pocos segundos
veo aparecer a babor, por nuestra popa, el lomo
completo de una ballena, a solo 10 metros del
barco!
Me quedé helada!!! Y le grité a
Miryam:
-“No es un delfín, es una ballena!”
.
Miryam salió como tiro y nos quedamos esperando
la nueva salida. Nada sucedía…, al
ratito la vimos pero solo parte del lomo, por
estribor a popa. Largos minutos pasaron, o lo
que nosotras pensamos que fueron muchos minutos.
Prácticamente conteníamos la respiración.
No sabíamos que esperar de la ballena.
Para mas Miryam me había contado el día
anterior que en Australia una ballena saltó
y cayó de pleno en el medio de un velero.
Por supuesto el barco se hundió. Fue suficiente
para mí…, no quería ver ballenas
cerca…
Al rato la ballena volvió a salir pero
esta vez a sólo cuatro metros a proa y
estribor. La vimos completa; salió y de
a poco fue descubriendo la cabeza, el lomo y la
cola, mientras se hundía justo en nuestra
proa. Calculamos que sería grande como
el Ithaca.
Nos quedamos las dos muertas de miedo. Atinamos
a aminorar la marcha, no sabíamos qué
hacer, no queríamos golpearla, era obvio
que la ballena calculaba sus movimientos, pero
en ese momento la adrenalina corre.
Recordamos muy bien cómo nos quedamos las
dos paradas en el cockpit agarradas a la chubasquera,
esperando el golpe… Nos quedamos así
un buen tiempo, pero la ballena no volvió
a salir. Fue un susto y una gran emoción,
con una maravillosa visión a la vez.
Dos horas después, sin habernos repuesto
todavía, Miryam vio cómo una ballena
comenzó a saltar y dar volteretas, una
milla a popa del Ithaca. Luego descubrimos que
estaba acompañada por dos ballenatos …
y saltaban!! Impresionante.
Se quedaron allí durante horas…,
saltando y bailando. Al menos así nos lo
pareció. Tendremos que leer sobre el comportamiento
de las ballenas para no temerles y comprender
su lenguaje.
Nos propusimos llevar siempre puestos los arneses
de seguridad, los que también incluían
el salvavidas auto-inflable Los llevábamos
puestos en todo momento que estábamos en
cubierta. Salvo cuando el viento bajaba de los
10 nudos y estábamos las dos despiertas
y a la vista.
Sino la obligación y sentido común
nos decían que debíamos usarlos.
Hacíamos guardias de dos horas por dos
horas de descanso, eso significaba que si la que
estaba haciendo guardia caía al agua por
algún motivo, sería muy difícil
que la otra la pudiera ayudar ya que estaría
durmiendo y peor aún si el motor estuviera
encendido. Nada se escucharía en absoluto.
La sola imaginación de despertarse y encontrarse
sola abordo daba escalofríos. Era inimaginable…
La comida:
un problema
Al quinto día
se nos acabó el querosene en la cocina,
como estaba previsto. Repusimos el combustible
y grande fue nuestra sorpresa cuando comprobamos
que el querosene era de muy mala calidad. La cocina
no llegaba a quemar bien y todo lo que producía
era hollín. Era realmente imposible cocinar
con ella, sólo la podíamos tener
prendida, cuidando de que no se apague, unos cuantos
minutos, al mismo tiempo que largaba un humo negro
muy espeso, totalmente dañino.
Prácticamente anulada la cocina, tuvimos
que buscar una alternativa. Y esta la encontramos
en la parrilla de abordo (para hacer barbacoa).
Comenzamos a mirar al Ithaquita con otros ojos,
buscando qué podíamos quemar sin
dañarlo.
Así fue que alternando los pocos minutos
de la cocina de querosene y la parrilla pudimos
alimentarnos con lo mínimo indispensable.
Para cocinar en la parrilla debíamos prácticamente
detener la marcha del Ithaca. Bajábamos
velas y tratábamos de cocinar en días
relativamente calmos.
En la parrilla preparábamos tallarines
y hacíamos papa y cebolla a las brazas.
En cambio en la cocina, sólo nos daba para
calentar alguna lata de comida preparada, y poco
agua caliente para las sopas.
También ingeríamos un multivitamínico
y vitamina C a diario. Nunca sabremos si daba
resultado, pero psicológicamente ayudaba
mucho.
Y de eso se tratan los retos, de aguantar psicológicamente,
de no quebrarse. Una puede tener un resto o una
resistencia física a toda prueba, pero
si la cabeza no está bien, no habrá
físico que aguante. El boicoteo inconsciente
de la psiquis hacia una misma es superior en todos
los casos.
Pero estaba claro que nos íbamos debilitando,
comenzábamos a adelgazar y hasta conversamos
la posibilidad de dar la vuelta. Después
de todo habían pasado pocos días
desde nuestra zarpada. Esa opción rápidamente
la descartamos.
Tomada la decisión
de continuar, nos preparamos para lo que vendría…
Tres días después del episodio de
la cocina vemos por la madrugada un velero en
el horizonte. Nos comunicamos por radio y resultó
ser un velero francés llamado “Mariala”.
Conversamos: habían salido del mismo puerto
que nosotras pero un día después.
El barco de ellos, al ser mas grande y liviano,
navegaba más rápido que el nuestro.
Cuando se enteraron del desperfecto de nuestra
cocina, se solidarizaron y nos propusieron pasarnos
comida caliente. Lo cual nos venía muy
bien, porque en los primeros días después
de la novedad de la cocina no habíamos
comido nada caliente. Sólo pescado en latas
y ensaladas.
De esta manera tuvimos nuestro delivery en el
Atlántico!!!! Los dos tripulantes franceses
nos pasaron una lata grande de guiso francés
caliente!!! La satisfacción de volver a
comer caliente, en el medio del Atlántico
no tiene precio…
La forma en que nos pasaron la lata es otra historia…,
sería largo de contar aquí…
Nos despedimos
y cada uno continuó el viaje, quizás
nos encontraríamos en Faial, Azores.
Los detalles
A partir de aquí
se fueron sucediendo una serie de desperfectos,
comunes a todos los barcos. En navegación
costera, esos problemas no tienen gran relevancia,
ya que una llega al puerto mas cercano y soluciona
el tema. En el cruce del Atlántico sólo
cabe arreglar las cosas abordo o seguir como se
pueda. Nosotras hicimos las dos cosas, arreglamos
algunas y seguimos siempre adelante.
Primero se cortó
la driza del yanqui, la vela de proa. Es la vela
que mas empuja en el Ithaca. Para reponer esa
driza debíamos subir al palo hasta el tope
y luego hacer malabarismos para cambiarla. Intentamos
dos veces subir, pero el balanceo del palo era
tal que no nos atrevimos por seguridad.
Pensamos que igualmente teníamos la trinquetilla
para reemplazarla en cierta medida, por lo que
no insistimos y continuamos el viaje a menor velocidad.
Luego se produjo una fisura en la trampa de agua
del caño de escape, que es de acero inoxidable.
La sacamos y unimos las mangueras con un invento
ocasional, o lo criollo.
Mas tarde, una de las patas del motor cedió.
También pusimos manos a la obra y juntando
material de todas partes, agudizando el ingenio
y tirando diferentes teorías de cómo
solucionar el problema, por fin lo hicimos. La
pata provisoria aguantó hasta Azores.
Así íbamos
descontando millas, avanzando hacia nuestro destino.
Rafael nos anunció una baja y vientos de
hasta 30 nudos. Se cumplió, tuvimos nuestros
30 nudos y un poquito mas. Sirvió para
probarnos y conversar sobre lo que haríamos
de soplar mas viento. Estábamos preparadas
y totalmente amarinadas. Ninguna de las dos se
mareó o descompuso en ningún momento
de la travesía.
La navegación
tiene eso: una tiene tiempo de pensar los pasos,
de esperar la tormenta, rezando siempre para que
la decisión que tomamos sea la correcta.
Son muy pocas las veces que la tormenta llega
sin previo aviso… Pero el tiempo de espera
suele ser difícil, y aquí volvemos
a referirnos a la cuestión psicológica.
Travesuras
marinas
Cierto día
Miryam ve por popa un pez grande, de 1,20 metros
que se acercaba peligrosamente a nuestro timón
de viento. El pez se quedó horas en la
popa jugando con nuestro timón, pero el
juego se hacía cada vez más agresivo.
El pez embestía la pala de un lado y otro
con tal fuerza que tenía pintura de la
pala en su lomo. Temimos que dañara el
timón por lo que intentamos varias maniobras
disuasivas que no dieron resultado. Hasta que
ya cansadas y preocupadas por el timón,
resolvimos darle un golpe con un remo. Surtió
efecto porque el pez se fue inmediatamente. Aunque
regreso a la mañana siguiente. Otro golpe…,
y no lo volvimos a ver. Misión cumplida!
Rafael, nuestro
contacto radial diario, de la Rueda de Los Navegantes,
nos anunció otra baja. Esta vez se interponía
entre nosotras y Azores. Ibamos directo hacia
ella pero por su extremo sur. El viento no nos
daba para tomar otro rumbo. Si cruzábamos
la baja por el medio, podría ser que tengamos
fuertes vientos pero por poco tiempo y al salir
de la baja tendríamos viento a favor hasta
Azores.
Si la pasábamos por debajo, tendríamos
siempre viento en contra hasta pasarla.
Nuestro caso no fue ni uno ni otro. Al no contar
con el yanqui nuestra velocidad era menor por
lo que no pudimos apurarnos más de lo que
lo hicimos…
Nunca pudimos pasar la baja, por eso siempre tuvimos
viento en contra hasta llegar a Azores.
La baja nos encontró y el primer día
tuvimos 40 nudos de viento. Era lo más
que habíamos pasado hasta ese momento.
Las olas crecían y el espectáculo
fuera de la cabina del Ithaca era increíble.
El radar ya no era confiable, con olas tan grandes
no llegaba a tomar bien los barcos, que aparecían
y desaparecían entre las olas igual que
el Ithaca. Un buque nos pasó realmente
muy cerca. Lo vimos cuando estaba prácticamente
sobre nosotras. Lo llamamos por radio para decirle
nuestra posición y rumbo y nos contestó
que aún con los datos que le pasamos no
podía vernos en el radar o por la escotilla.
Recién cuando lo tuvimos de través
pudo divisarnos y nos lo comunicó.
Este buque nos pasó la meteo (pronósticos),
como tantos otros con los que nos cruzamos. Siempre
preguntaban si necesitábamos algo, muy
amables y luego nos daban la meteo. Pero la de
ese buque no era alentadora. La baja se intensificaba
y el viento sería aún más
fuerte con olas mas altas todavía.
El pronóstico se cumplió al día
siguiente…
En medio
de la tormenta
Tuvimos viento
de 45 nudos con rachas de 50. El timón
de viento iba al mando del Ithaca. Las dos permanecimos
refugiadas en el interior del barco, mirando por
las ventanas un maravilloso espectáculo
de furia en la naturaleza.
Las olas superaban los 7 u 8 metros, cuando el
Ithaca estaba en la cresta de la ola, veíamos
a estribor un precipicio indescriptible y rogábamos
que el Ithaquita no resbalara por él. Así
cada vez…, y el Ithaca siempre se mantenía
sobre la cresta…., grande Ithaquitaaaaaaaaaaa!!!!
La tensión abordo se sentía. Nos
mirábamos y mirábamos la fuerza
del mar y el viento, pero ninguna de las dos decía
nada, no era preciso. Ya habíamos pasado
otras veces por situaciones semejantes pero en
otros ámbitos y bastaba sólo mirarnos
para entender por lo que estaba pasando la otra.
Estábamos con todos los sentidos puestos
en el menor detalle. Cada una sopesando la resistencia
de los materiales, pensando qué haríamos
primero y qué
después de ocurrir una fatalidad, pensando
qué hicimos bien y qué nos olvidamos
de hacer…, y luego esperar…., esperar
a que pase la tormenta….
Y las tormentas siempre pasan…., el tema
es resistir (una vez más), psicológicamente,
porque está claro que los barcos no se
hunden solos. Quienes los hunden son los capitanes
al tomar decisiones desacertadas.
Y al día
siguiente todo se ve distinto, y una es más
feliz porque pasó lo peor y se promete
no volver a pasar por una situación así
nuevamente, y nos decimos que debemos dedicarnos
a otra cosa…
Y así fue:
a la mañana siguiente el sol salió…,
con sus destellos rojizos tiñó el
mar, el cielo. El mismo mar que siguía
movido, con olas de cuatro metros, y con viento
de 30 nudos que nos parecían una bendición.
Días antes sufrimos los treinta nudos como
si fuese la gran tormenta!!!
Una se acostumbra a todo y cuando ve que sale
airosa de esas situaciones la sensación
de gratitud, de comunión con la naturaleza,
de organismo que forma parte minúscula
de este universo es indescriptible. Y pensamos:
“El mar nos ha dejado pasar…, tratemos
de no equivocarnos en las decisiones…”
Pero el día
es tan lindo…, y el mar ahora más
calmo parece como si respirase con esa ondulación
que sube y baja acompasada. Los delfines juegan
en la proa del Ithaca. La vida submarina es increíble
en su inmensidad. No podemos ver otra cosa que
mar en los 360 grados. El cielo azul…, el
sol que nos acaricia..., el aire cálido…,
el gusto a sal en los labios…, nuestros
rostros morenos…, VAMOS ITHAQUITA QUE FALTA
MENOS Y HAY TANTO POR RECORRER TODAVIA!!!!
Fiesta
en Azores
Pero todavía
no llegamos…., aún falta. La baja
que no se quiere mover y no lo va a hacer hasta
nuestra llegada a Azores.
La llegada a Azores…, fue un recibimiento
que nunca pudimos haber imaginado!!! Rafael, de
la Rueda de los Navegantes, arengó a todos
los navegantes que se encontraban en Horta durante
toda la semana previa a nuestra llegada, para
que nos esperasen y nos recibieran.
Llegamos de noche, no veíamos nada porque
estábamos encandiladas con las luces de
la ciudad y el puerto. Decenas de navegantes nos
gritaban y nos indicaban la maniobra que teníamos
que hacer; cantaban, gritaban, aplaudían,
descorchaban botellas de champagne, batían
panderetas y prendían encendedores. Fue
una algarabía total!!!
Nosotras habíamos estado escuchando los
dichos de Rafael por radio para que nos esperasen
los navegantes oceánicos, pero también
sabíamos que la Baja que tanto nos complicaba
a nosotras la vida, era favorable para todos aquellos
que quisieran ir para Galicia, Inglaterra o Francia,
por lo que pensamos que ya no quedaría
prácticamente nadie en Horta.
Y no fue así. Nos esperaron…!!!
Hubo quienes partieron y pegaron la vuelta pensando
que no podían faltar al recibimiento….
Y lo mas lindo de todo esto fue que nadie nos
conocía personalmente, solo éramos
una voz desfasada en el aire de la radio.
Inmediatamente
continuarían los festejos en el Bar de
Peter, mundialmente conocido por todos los navegantes
oceánicos. Es tradición de su dueño
invitar a cada navegante con una cerveza cuando
arriba a Horta. Una
tradición que comenzó a principios
de siglo y que pasa de generación en generación.
La invitación es una guiñada de
ojo cómplice, simboliza la bienvenida,
la calidez del pueblo azoriano, la celebración
por el arribo y saberse a salvo una vez mas…,
atrás quedará lo vivido en alta
mar.
En el Bar de Peter siempre hay un amigo dispuesto
a darte la Bienvenida! Allí nos reunimos
todos por las tardecitas, el lugar es una babel,
navegantes de todo el mundo, carcajadas, anécdotas,
brindis, experiencias…
Horta también es conocida por las pintadas
que dejan quienes arriban en barco a este puerto.
Toda la marina está repleta de dibujos,
banderas y textos de diferentes países
y diferentes años, constituyéndose
esto en una forma de expresión peculiar,
que da colorido y alegría al lugar.
Por supuesto, como somos fieles a las tradiciones….,
primero nos tomamos la cerveza en el Bar de Peter
(Cafè Sport) y luego realizamos nuestra
pintada en la marina…
32 días
duró la travesía, 32 días
de aprendizaje intensivo acerca de la naturaleza,
el barco, nuestras limitaciones y fortalezas.
Fue el Cruce del Océano Atlántico,
pero también fue un viaje al interior de
nosotras mismas, bien profundo… Nadie que
haya pasado por esta experiencia puede tocar nuevamente
tierra y ser la misma persona. Sólo aquellos
que lo han realizado saben de qué estamos
hablando. Luego vendrá el balance…,
los aciertos, las dudas, confrontarnos con nosotras
mismas…
¿Lo
volverían a hacer…?
Pregúntanos
el año que viene…, para el mes de
Junio…, si nos ves armando el bolso es porque
aceptamos la oferta de trabajo para llevar un
barco de 47 pies de acero de Venezuela a Grecia…,
nuevamente el Océano Atlántico…,
nuevamente el mar y su inmensidad…, y ese
poder infinito, soberbio, que te hace sentir el
ser más suficiente del planeta y la micro-partícula
mas pequeña y vulnerable a la misma vez,
nuevamente sintiéndose en casa…
Más
sobre el Ithaca
Noviembre 6 de
2006 |