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Es
el último grito de la tecnología, un atajo en
realidad para permitir a los vinos españoles competir
con los vinos chilenos y australianos cuyos procedimientos
de elaboración no están tan encorsetados como
los de nuestro país. Pero esta normativa que reduciría
sensiblemente el tiempo de maduración, de años
a meses, enfrenta a las Denominaciones de Origen y a las bodegas
con intereses contrapuestos.
La
introducción de virutas de roble es una práctica
enológica permitida por la Oficina Internacional de
la Viña y el Vino. Ahora los estados miembros discuten
el tercer borrador del reglamento de la Comisión para
definir cómo debe aplicarse esta práctica y
algo no menos importante, cuestionarse si hay que informar
al consumidor de la misma y, en caso afirmativo, cómo
hacerlo.
En
la práctica esta técnica reduce considerablemente,
casi a meses, el tiempo que un caldo necesita para tomar el
cuerpo de un crianza, reserva y gran reseva, para los que
se tardan entre dos y cinco años. Y sobre todo reduce
considerablemente el costo de la producción, ya que
no se necesitaría tampoco las costosas barricas de
roble. La técnica permitiría sacar al mercado
en pocos meses vinos jóvenes con cuerpos y sabores
que con la fórmula tradicional necesitarían
años y que podrían venderse a precios muy competitivos.
La
incorporación de virutas de roble, que estudios enológicos
confirman que es imposible distinguir en una cata, tiene adeptos
y detractores. Hay bodegas que estarían interesadas
en introducirse en este sistema para competir en el exterior
con los caldos de países que ya elaboran con este sistema
como son los vinos chilenos y australianos.
En
cambio también hay bodegas concentradas en crianzas
reservas y grandes reservas, con altas inversiones en el inmovilizado
de este vino durante años en costosas barricas de roble
a las que no le hace ninguna gracia que otras bodegas puedan
lograr en tiempo récord estos resultados y se vendan
sin indicar que el procedimiento de elaboración no
es el mismo.
El
dilema que surge es si hay que informar al consumidor. Por
un lado hay compañías que opinan que hay que
hacelo y otras que y aducen que tampoco se informa sobre el
proceso de elaboración tradicional de un reserva. Pero
las marcas consagradas a vinos de elaboración tradicional
no quieren que las bodegas que entren en este sistema de maduración
con virutas, puedan sugerir ni por asomo en sus etiquetas
que se elabora bajo procesos de envejecimiento.
La
guerra está abierta entre consejos reguladores y los
intereses tan dispares de los bodegueros de tal forma que
hasta el lobby de la Confederación Española
de Consejos Reguladores ha amenazado con expulsar del mismo
a las Denominaciones de Origen que permitan estas prácticas.
La polémica está servida sobre todo cuando Agricultura
ya ha dicho que no va a restringir prácticas enológicas
que puedan beneficiar la venta de los vinos españoles.
Bolsacinco.com
- España - 29/3/2006 - Por Concha Rubio
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