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ELVIO
OLAVE.
La historia de su aceite: Hombre
de verde oliva - Diario El Mercurio
- 26/3/2006
Álvaro Rodríguez Vial
Hace rato que Elvio Olave viene de vuelta.
Un fenomenal estrés a fines de los '90 lo obligó
a repensar su forma de enfocar los negocios y decidió
tomar un poco de distancia. Del proceso de discernimiento
emanó algo tal vez inesperado para él:
en cinco años una docena de reconocimientos a
nivel internacional y su consagración como "hacedor"
de uno de los mejores aceites de oliva extravirgen del
mundo.
Pero la historia no se ha escrito únicamente
con letras felices: el negocio -aclara- tiene más
sudor que medallas. "Soy un agroindustrial, me
gustan las máquinas, los fierros, transformar
los productos de la tierra. Pero salir a vender, desarrollar
una estrategia comercial me consume casi el mismo nivel
de recursos y esfuerzos que lo agrícola. Construir
una marca de la nada es durísimo", dice
Olave.
Claro que Italia, uno de los grandes
bastiones del aceite de oliva en el mundo, ha llenado
de elogios la producción de los empresarios chilenos
que participan del sector. Sin ir más lejos,
el periódico Corriere della Sera, en su edición
del 25 de abril de 2004, tituló una de sus editoriales
"Olio d'oliva, il pericolo cileno" (Aceite
de oliva, el peligro chileno), llamándole la
atención a sus lectores que no sólo el
chardonnay y el cabernet sauvignon amenazan el liderazgo
mediterráneo, sino que ahora también lo
hace el aceite de oliva.
La saga de premios la partió
en 1999 un competidor de Olave y principal productor
y exportador de aceite de oliva del país: TerraMater,
de las hermanas Gilda, Antonieta y Edda Canepa. Desde
la fecha, los chilenos han puesto sus banderas en los
principales certámenes de Italia, España
y EE.UU., siendo Olave uno de los con mayor número
de coronas y merecedor del título de mejor aceite
de oliva orgánico del mundo, según la
'biblia' de los aceiteros, la guía L'extravergine
2006.
Al
otro lado de los Andes
El gusto por los olivos le viene porque
carga consigo la herencia de agricultores viñateros
de la Rioja española. Su familia, recuerda, por
generaciones ha tenido viñas y ha mantenido la
tradición incluso después de su arribo
a Chile a mediados del siglo XX. Por eso, cuando llegó
la hora de estudiar decidió visitar a unos parientes
argentinos en Mendoza y entrar a la escuela de enología
de la Universidad Juan Agustín Maza de la ciudad.
Terminando su carrera entró como
enólogo a la Viña Casablanca. Trabajó
desde el '79 al '82 y luego se fue a los negocios que
su familia tenía en Isla de Maipo. "Con
la gran crisis del vino de esos años, que coincidió
con la muerte de mi padre, en el país se empezaron
a arrancar viñedos completos y tuvimos que hacer
frente al hecho que el litro de vino costaba 5 centavos
de dólar cuando la divisa apenas llegaba a los
39 pesos".
Por la coyuntura, en 1983 trajeron un
concentrador de jugos de Argentina y los Olave comenzaron
a vinificar la uva de mesa y a producir grandes cantidades
de concentrado. Así, en 1989, los hermanos Elvio
y Miguel Olave formaron la Agrícola y Comercial
Lourdes que se especializó en el concentrado
de jugos que luego vendían a otros mayores como
Concha y Toro en Chile, y Cadbury's y CocaCola en EE.UU.
Miguel se retiró cinco años
más tarde a trabajar proyectos personales justo
cuando "llegamos a ser los principales productores
de concentrado de jugo de uva de Chile, con unas 22
mil toneladas de concentrado al año (unos 70
millones de litros)", cuenta Olave. Sin su hermano,
toda la responsabilidad de la operación cayó
sobre sus hombros trabajando prácticamente 24
horas al día. Sacrificó algo más
que horas de sueño ("familia, amigos, vida
personal...") y reventó.
Con lo logrado en Lourdes y con la necesidad
de hacer un giro y cambiar de estilo de vida, invitó
a trabajar con él a sus amigos Luis Matte y a
Pablo Morandé en 1995, con la idea de formar
una viña de vinos finos. Así nació
Viña Morandé, con un aporte de unos US$4
millones, dividido en tres tercios. Pero Olave seguía
empecinado en que lo suyo debía ser distinto.
El '96 creó Agrícola Valle Grande para
proyectos personales y dos años más tarde,
cuando Morandé estaba comenzando a exportar 300
mil cajas, le vendió su parte a sus socios.
El capital le permitió inyectarle
a Valle Grande más recursos para la producción
de uva de vinos finos (le vende, entre otros, a Morandé
y Santa Rita), frutas y aceite de oliva, en la que sería
dueño de su propia materia prima. La incursión
en aceite, pensaba, le permitía apuntar a un
nicho de mercado bien definido y trabajar con una estructura
liviana de operación.
Viajó a Italia y España
a aprender de los grandes y en Perugia (Italia) se contactó
con Giuseppe Fontanassa, un maestro olivícola
quien lo asesora hasta nuestros días. Compró
una propiedad en Melipilla, cerca de Santiago para estar
cerca de su familia y el '96 importó de España
e Italia cuatro variedades de olivos, las que debieron
estar en cuarentena dos años por restricciones
del SAG por tratarse de material vegetal. Se liberaron
el '98 y recién las pudo plantar el '99. Lo peor
es que de las 10.000 plantas que importó originalmente,
sólo sobrevivieron 2000.
La primera cosecha fue en 2002: 25 mil
litros. En ese año el mercado interno aún
no estaba desarrollado y la variable precio era -y sigue
siendo- determinante a la hora de comprar aceite. "Empezamos
a luchar con el desconocimiento del consumidor interno.
Pero apenas embotellamos, Giuseppe nos llamó
de Italia y nos dijo que enviáramos muestras
a un concurso regional en Gradara (Italia). Finalmente
obtuvimos un buen premio (Gran Mención: LOrciolo
dOro) con lo que empecé a creerme el cuento que
estaba haciendo algo de extraordinaria calidad. Con
ese antecedente podíamos empezar a movernos mejor.
Pero no teníamos volumen ni masa crítica.
Había que salir a vender al ritmo de los árboles",
cuenta Olave.
Este impulso fue un golpe anímico
pero al mismo tiempo marcó el inicio de una escalada
de inversión en gestión comercial para
salir a buscar mercados al exterior que nunca pensó
fuera tan cuesta arriba.
A pesar de llenarse de premios en Italia
y EE.UU. la operación comercial no creció
al mismo ritmo: "Tengo 3 años en el mercado
norteamericano, en la costa Este, y ha sido lento y
largo. Uno necesita estar años instalado en EE.UU.
para transformarse en un proveedor confiable. Hasta
el año pasado hemos trabajado bajo el nivel de
flotación, invirtiendo US$300 mil al año
en gente contratada en Nueva York. Pero ya logramos
penetrar 85 supermercados de delicatessen en EE.UU.
(ahí la botella de litro la coloca en US$11 FOB)".
Además Olave tiene presencia
en México, Japón, Venezuela, Colombia,
Perú y Canadá, y está dando algunos
aprontes con Inglaterra, Bélgica y Alemania.
El caso europeo es otro cuento difícil
porque aparte de los grandes consorcios que operan con
precios muy competitivos pero de inferior calidad, los
envíos de aceite de oliva están gravados
con un impuesto de 1,22 euros por kilo. "Ahí
la única opción es entrar por calidad.
Pero no creo que necesitemos el mercado italiano o español",
dice Olave.
Este año, aparte de sus versiones
de aceite premium, premium orgánico, la línea
Montecristo y sus aromatizados con ajo y albahaca, sacaron
dos varietales nuevos y planea desarrollar nuevos varietales.
En carpeta tiene la plantación de 200 nuevas
hectáreas de olivos en Curicó y sacar
un aceto balsámico bajo la marca Olave, importado
de Italia.
Hoy Valle Grande cuenta con 300 hectáreas
plantadas de viñas en Isla de Maipo, Curicó,
San Bernardo. Y otras 210 hectáreas de olivos.
En 2005 facturó US$6 millones (US$2 millones
lo aporta el negocio del aceite). Este año va
a sacar una producción limitada de un vino para
un cliente en Inglaterra y evalúa desarrollar
algo para el mercado interno.
Elvio sabe que las posibilidades de
crecer y colocar aceite van ligadas a calidad más
que cantidad. Y que las condiciones de suelo y clima
en Chile son envidiables. Por eso, dice, no es de extrañar
que lleguen grandes consorcios a comprar tierra y plantar
y plantar.
ELVIO
OLAVE
Es enólogo de la Universidad
Juan Agustín Maza, de Mendoza.
Dentro
de los premios que han recibido sus aceites, destacan:
Gran Mención, Corporazione dei Maestri Oleari-León
de Oro, Parma, Italia; Gran Mención Sol d'Oro,
Verona, Italia; Primer lugar, aceite orgánico
BIOL, Andria, Italia; Gran Mención L'Orciolo
d'Oro, Gradara, Italia; Mejor Orgánico del Mundo
2006 según la guía de los mejores del
mundo 'L'extravergine'
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