La Historia Mejor contada del Malbec (3)

Abr 25, 2018

Con esta entrega completamos el Capítulo I del Libro: La Historia Mejor contada del Malbec, de Ricardo Brizuela. El texto insiste en la figura de Sarmiento por lo que significaba ya en el núcleo de poder de Chile.
"Hay una anécdota de Sarmiento que muchos la discuten, pero pocos la difunden, porque el procer no fué precisamente una figura de culto para los gobiernos populistas que se sucedieron en Argentina. El caso es que en una de las ocasiones que debió trasponer la frontera hacia Chile, en otra huida, se tomó un tiempo en la montaña para escribir su desengaño sobre las piedras. "Bárbaros, las ideas no se matan".

"Fue un apotegma destinado a sus enemigos políticos, pero el origen del que proviene el mensaje identifica el pensamiento de Sarmiento: One ne tue point les idées*. Sarmiento, al razonamiento liberal de que las ideas no se matan, le antepuso el calificativo "bárbaro" en el que englobaba la incultura que no tenía intención de escalar la civilización superadora. En lo particular, él solo consideraba al escalón básico la formación, desde el pupitre primario a los pabellones académicos. Vale decir: la educación en niveles ascendentes. Fue el gran enemigo del tirano Juan Manuel de Rosas. En la percepción de ambos, los argentinos pueden apreciar dos grandes corrientes de progreso: aquel que pensaba en el patrón y el gauchaje como base de un desarrollo de prebendas o aquello que encarnaba Sarmiento, con una clara apelación al empleo de una educación primaria conducente a los claustros universitarios, valiéndose de la ciencia y la tecnología. Pero para comprender mejor la influencia de Sarmiento en Chile, hay que decir que, aparte de compartir cenáculos intelectuales y escribir para el diario "El Progreso" de Santiago, ocupó nombrado por el Ministro de Educación Manuel Montt – bajo la presidencia de Manuel Bulnes - el puesto de Primer Director de la recién inaugurada Escuela Normal de Preceptores, en 1842, con la misión de formar a los futuros educadores de Chile. Al alero de esta brillante Institución, desgraciadamente desaparecida en la década de los años de 1970 que fuera creada bajo el modelo de la centenaria Escuela Normal de París - se estructuró la famosa Quinta Normal, en la que el argentino se encontró con el francés Aimée Pouget (Fuente: Memoria Chilena – Biblioteca Nacional de Chile).
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¿Que aportaron los franceses? En la mitad del siglo XIX los franceses que llegaron a Chile contratados o libres de compromisos, tuvieron la oportunidad de transformar la viticultura del país sudamericano con variedades procedentes de la Bourgogne y de Bordeaux, cuyos vinos se deseaba replicar en América. Sin embargo, la falta de capacidad para reformar la explotación de las viñas de Chile, fué retrasando este objetivo. Unos avances por un lado, eran neutralizados por otras acciones retardadoras. Quienes manejaban esas haciendas (fundos), donde el viñedo representaba la menor extensión a trabajar, se inclinaban por actuar con lo conocido, haciendo de la incorporación de nuevas formas de manejo una convivencia con viejos métodos y viejos cultivos. Así es como las variedades francesas se encontraron con grandes superficies donde se explotaba una variedad colonial, traída por los conquistadores desde Perú: la uva país. Con esta uva se manufacturaba tanto chicha como vino casero, o aguardiente. Aún hoy se siguen encontrando algunas viejas vides de esta variedad primitiva. Conviven en algunos paños antiguos con uvas francesas, abandonadas en su cultivo después de haber pasado las propiedades por diversas vicisitudes. La uva país había sido distribuida por los conquistadores y los misioneros por toda la América. En Argentina se llama uva criolla, y es ésta la que introdujo en el siglo XVI el cura Cedrón, abandonando unas plantaciones primeras que tuvo por escenario la provincia actual de Santiago del Estero. En el norte de América (México, el Caribe y los Estados Unidos) la misma vid se llama mission, identificándola con sus introductores desde España, como lo fueron los curas "misioneros" que venían con la conquista desde Cristobal Colón a Hernán Cortés, pasando luego a la Ruta del Pacífico, después que Vasco Núñez de Balboa, descubriera el estrecho que conecta el Atlántico y el Pacífico. Así, la uva país es la misma en todo el Nuevo Mundo, desde Chile hasta Canadá. En 1873, René Le Feuvre, llegado a Chile con un contrato del gobierno para dirigir el Instituto Agrícola dependiente de la Quinta Normal, manifestó que "por la variedad de su clima, por la naturaleza de su suelo, por su configuración topográfica y por su misma situación, Chile puede producir casi todas las clases de vinos del mundo, y está llamado a ser más o menos tarde, por su producción vinícola, la Francia de América".

(*) Esta frase One ne tue point les idées, es muy discutida, incluso en algún documento el mismo Faustino Sarmiento la habría adjudicado equivocadamente. Lo cierto es que figura en la Edición del Facundo (En realidad este libro se llama Civilización y Barbarie), editada precisamente en Chile en 1845. El término de apotegma, que le adjudicamos, no tendría valor sin embargo si no fuera precedido por un nombre, como una alusión burlona directa a alguien. Esa fué la intención del escritor al adjudicar el término de "Bárbaros" a sus enemigos, en quienes cargaba de esa manera todo el peso que la historia señala como propia de grupos salvajes. 

La edición de la obra comprende Prólogo, Capítulos y Apéndice Documental. Nuestro material contiene la reseña en distintos capítulos, de la evolución del Malbec en Argentina y Chile, y los datos estadísticos de producción, en las diferentes regiones. Asimismo, incluye un capítulo especial dedicado a los vinos de las regiones francesas de Bourgogne y Cahors, similares al Malbec. 

Enlace a la primera nota del Capítulo I

Enlace a la segunda nota del Capítulo 2

Ultima vez modificado Sábado, 11 Septiembre 2021 21:12