Erik de Dinamarca, el Príncipe que amó el Malbec y murió sin ser Rey

Abr 07, 2018

Arriba: el Principe Erik de Dinamarca, jugando con su familia en su chateau de Cahors (Bordeaux) en tiempos felices.

Donde se cuenta sobre la Realeza, la Uva y... el Malbec.

Las vueltas de la vida: Esta es una de los episodios que le gusta relatar al Vino (se encuentra en el libro Soy el Vino en un capítulo singular de tantos que ilustran al amante del vino y la Historia del Hombre) en el que se juegan situaciones de increíbles coincidencias entre el hombre y una pasión que arranca en el fondo de la historia de la humanidad. Señalaremos primeramente hoy, que dentro de dos semanas (de la fecha de edición primaria de esta nota) se cumplirá el mes del fallecimiento del Príncipe Erik, esposo de Margarita II, Reina de Dinamarca, que amó y cultivó el Malbec y enloquecido luchó sin lograr su deseo mayor: sentarse junto a su esposa como Rey consorte (cosas que no entenderemos nunca si primero no somos principe de una Reina) .

Y nada más acertado en este caso, que iniciar este capítulo, con un pasaje clásico de las historias de los grandes cuentos: Había una vez…

Efectivamente, había una vez un personaje nacido en una de esas líneas de frontera social en la que proliferan los sueños de pertenencia a sectores inalcanzables, aunque con una extraña escalera de oro hacia destinos insospechados. El padre de nuestro héroe tenía un título otorgado por la nobleza. En los tiempos de la formación de elites vinculados con ella, no significaba sino la distinción como servidores . Los condes o marqués, no necesariamente provenían de la Casa gobernante, y eran distinguidos con títulos de esas características por servicios prestados a la Corona. El padre de Erik era el conde André de Laborde de Monpezat, periodista y agricultor; y Erik fue Enrique de Laborde de Monpezat, hijo del conde André de Laborde de Monpezat, y de Renee Doursenot. Estudioso, absorbió la cultura de su padre, se licenció en derecho y ciencias políticas en la Sorbona y se marchó para pasar largas temporadas en China y Vietnam donde estudió las lenguas vivas orientales.
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Su país de nacimiento fue Francia. Su familia constituía parte de un núcleo consolidado en un paraje llamado Cahors, al sur de Bordeaux. Cuando Erik regresó a su casa se dedicó, como su padre a la vitivinicultura, Previamente, sin embargo, fue embajador en Londres y conoció allí una señorita con la que se casó, Se llamaba – se llama – Margarita, y con el correr del tiempo fue proclamada en su país, Dinamarca, la Reina Margarita II. Algo desilusionado, Erik ocupó su lugar en la casa reinante de Dinamarca como Principe consorte, mas nunca como Esposo consorte, lo que le hubiera dado una autoridad casi equiparable a lo que representaba su esposa, la Reina. Sin embargo, se distrajo mucho con su propiedad, el Chateau Cayx, que se constituyó en Cahors como centro de atracción de la nobleza europea. Aquí el Príncipe abrazó con fé un desmesurado cariño hacia el Malbec. Esta uva volvió a potenciar a Cahors al mundo, compartiendo el triunfo del vino en Argentina.

El Chateau (imagen abajo) recuperó sus días de gloria y el Principe pasaba largas temporadas fuera de Dinamarca, hilvanando su actividad como vitivinicultor y recogiendo con harta voluntad los favores de la nobleza europea.
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En los últimos tiempos, El Príncipe se volvió casi irreconocible para sus propios allegados. Sus costumbres se alteraron y su natural formalidad sufrió un vuelvo casi irreversible: sus ataques a la Casa Real y en particular a su esposa acusándole de no preocuparse por otorgarle valor a su compañía sino en un lugar subalterno, casi vuelven intolerables las relaciones familiares. 

La Corte misma fue sorprendida muchas veces por ataques casi descontrolados del Príncipe. En días recientes, una declaración de médicos de la Casa reinante de Dinamarca destacó que padecía de “demencia senil”. El 13 de febrero de 2018 todo terminó. El Príncipe consorte falleció en su palacio de Dinamarca: un afección pulmonar puso punto final. Cahors y el Chateau de Cayx no volverán a contar con su presencia para ceremonias casi religiosas de cata de Malbec.

Yo he conocido este monumental homenaje al Malbec originario, y les recomiendo leer mi descripción de él en esta nota, redactada durante mi primera visita a esta hermosa localidad francesa.

Ricardo Eulogio Brizuela

Material reeditado en Buenos Aires, Argentina. Lectura a la fecha de hoy 23 de mayo de 2021: 1571

Ultima vez modificado Jueves, 25 Noviembre 2021 19:42